Ningún otro motivo que protestar contra el cierre del INCAA fue la causa que llevó a la detención de Nicolás Mayorga y otros tres manifestantes. En su relato nos cuenta cómo permaneció esposado a pesar de que nunca ofreció resistencia. Seis traslados durante poco más de 24 horas y episodios en donde relata cómo los mismos policías que los detuvieron le daban justificaciones de su apresamiento. Las conversaciones pasaron desde consejos para moverse durante una represión a confesiones de preferir pelear con «barras», o simpatías políticas por el fascismo.

Por Periódico El Roble y ANRed.


A los detenidos en la Plaza del Congreso, frente al Cine Gaumont, los imputaron por resistencia a la autoridad, pese a que en las imágenes y en los videos se observó que fueron reducidos en la vereda de forma violenta por la policía.

El hecho no dejó dudas y puede corroborarse con las cámaras, tanto las que proveyeron los periodistas y fotógrafos independientes, la de los medios de comunicación hegemónicos, así como las cámaras instaladas en la Plaza del Congreso.

Tomamos el testimonio de Nicolás Mayorga, uno de los detenidos durante la represión en el cine Gaumont en las protestas contra el cierre del INCAA. Nicolás es estudiante de Relaciones Internacionales y Ciencia Política en la Universidad de San Martín (UNSAM) y participa de la Asamblea de San Martín.

-¿Cómo fuiste detenido?

El jueves 14 de marzo a las 19.15 recién había ingresado a la plaza del Congreso por la esquina de Callao y Rivadavia. Apenas me acercaba al cine Gaumont por el lado del frente junto a mis compañerxs de la asamblea de San Martín y de la UNSAM sentimos el olor a represión. La Policía de la Ciudad había arrojado gas lacrimógeno y pimienta.

Apenas tuve tiempo de saludar a algún amigo y sin haber estado más que cinco minutos en la plaza pude ver cómo la Policía de la Ciudad agredía a compañerxs que estaban en la vereda. Provocaban con los escudos. Entonces me acerqué para contener la situación y que nadie resultará herido. Fueron unos segundos después cuando estaba por darme vuelta para volver hacia el centro de la plaza y sin haber puesto ni siquiera un pie en la calle que fui sujetado de la camisa por algún policía y arrojado a la calle, tal como se ve en los videos.

Allí en el suelo entre 3 o 4 policías me agarraron y me decían “no te resistas que ya perdiste”. Con una maniobra de presión en la espalda y en el cuello, me empezaron a asfixiar. Además, poco podía respirar por los gases que volvieron a arrojar una y otra vez. Yo no oponía resistencia, pero igual me torcieron el pie, me patearon la rodilla y me doblaron un codo. Para reducirme definitivamente me colocaron dos precintos apretados al máximo en las manos.

Rodeado completamente por la policía poco era lo que podía hacer para resistirme. Apenas podía respirar.

-¿En qué comisarías estuviste? ¿Qué cosas te llamaron la atención durante la detención?

Fueron muchas, hubo un largo camino para que me tomen las huellas. Te cuento cómo fue el recorrido a lo largo de toda la noche. Primero fuimos escoltados por decenas de policías junto a otros dos compañeros detenidos hasta una camioneta de la Policía de la Ciudad donde nos trasladaron con rapidez a la comisaría de la calle Tacuarí. En la camioneta vi que el compañero Luciano Peralta se estaba desmayando por haber sido duramente golpeado por la policía. Luciano pidió agua, pero los dos policías presentes no respondieron a su pedido, sólo les interesaba que les diéramos nuestros datos personales. Allí conocí al otro detenido, Nicolás Carnavale, que me relató cómo lo habían detenido a él y a Luciano, y cómo le habían pegado los policías a los dos. Al llegar a Tacuarí los policías se bajaron y nos dejaron encerrados en la camioneta unos 10 o 15 minutos, con muchísimo calor y sofocados. Pedimos agua y que abrieran un poco la puerta para que entrara aire. No recibimos respuesta.

Luego y gracias a la militancia de abogadxs que defienden los derechos humanos, hubo una pronta comunicación con uno de ellos que aprovechó un momento para pedir nuestros datos y comunicarnos los hechos que nos iban a imputar, y  que ellos iban a estar siguiendo nuestra situación. Eso nos dio tranquilidad. También se escuchó en un handy policial que debían llevarnos rápidamente a otro lugar porque manifestantes de izquierda iban al lugar, que estaba cerca del Congreso.

En segundo lugar nos trasladaron a Barracas rodeados de motos policiales y como si fuera el traslado de presos de máxima peligrosidad nos dejaron en un destacamento debajo de la autopista 9 de julio. Allí permanecimos entre una y dos horas. Luego de pedir agua reiteradas veces recibimos una botella. Ahí se acercó también un grupo de abogadxs y nuevamente nos pidieron los datos. Hablaron con la madre de un compañero y dijeron que todo iba a estar bien. Antes de irnos me cambiaron los precintos (que ya eran insportables).

Cuando los abogados se retiraron, el conductor del móvil policial donde éramos trasladados empezó a provocar con afirmaciones a favor de los despidos en el INCAA y a  decir que “el cine nacional no le interesa a nadie”. También atacó las profesiones de cada uno de nosotros, riéndose de que alguien puediera ser solidario frente a los miles de despidos en el Estado, y jactándose de que “había aprendido en la ESMA”. Al parecer, a manejar mucho no aprendió porque era un desastre cómo se comía cacda loma de burro y todos los pozos que había en el camino.

El tercer lugar que nos llevaron fue a la comisaría 4 en Chucro y Zavaleta. Allí realizaron el primer cambio de guardia. Otra vez nos vuelven a pedir los datos y nos cambian las esposas. A destacar es que siempre estuvimos esposados, pese a no implicar ninguna amenaza contra la policía. Fuimos llevados al patio de la comisaría donde permanecimos las siguientes tres o cuatro horas. Allí nos leyeron nuestros derechos, nos guardaron las pertenencias mientras tomábamos agua y comíamos un sándwich. En ese momento se nos acercó un subjefe de la policía diciendo que él era el entrenador de todos los que están con escudos en las marchas y comenzó a reírse por el uso de la leche, el óleo calcáreo y el limón para tratar los gases durante la represión. Nos explicó que frente a los gases no hay nada que sirva, solo salir y respirar aire fresco. También curiosamente continuó dándonos consejos: no usar remeras llamativas porque es “facilisimo para un policía que da la orden de agarrar al de remera azul, camisa a cuadros, en cambio con remera negra hay muchísima gente y no podrían identificar a quien”. Ese mismo policía nos relataba de forma sobradora que a ellos les encanta la pelea, respirar los gases, pero que la izquierda para ellos no era gran cosa porque prefieren pelear en minoría contra barras bravas. Para ilustrar lo que nos contaba comenzó a mostrarnos videos de entrenamiento policial aguantando gases, o enfrentando a barras.

Mientras me hablaba, pensaba: ¿Por qué entonces, si tanta valentía tiene, a nosotros nos reducían entre varios policías a uno solo? ¿Si tanto le aburre la izquierda, por qué van armados hasta los dientes, si tanto les gusta pelear directamente, por qué hay tantos elementos de represión, escudos, etc.?

Los 3 detenidos no veíamos la hora de que terminara esa noche. Aprovechamos para hablar de nuestras vidas, de nuestra situación laboral, de nuestros proyectos, las mascotas, tatuajes, si este país puede seguir soportando una pobreza superior al 50%, con el cierre de los comedores y miles de despidos. Fuimos pensando la necesaria unidad en la acción entre activistas y artistas, entre el pueblo trabajador, las izquierdas y también con peronistas como mis compañeros de detención que estaban bancando la lucha del Cine Gaumont. Inclusive buscamos entretenernos luego de tantas horas jugando al ajedrez a ciegas. Todo lo que harían los detenidos peligrosos, como los narcos que asolan Rosario, ¿no? Pero como supuestamente no funcionaban las tomas de huellas decidieron trasladarnos a un cuarto lugar. Esta vez a Villa Lugano, y luego al Ministerio público de la Defensa.

Cómo los tres no cabíamos en la parte trasera íbamos en dos patrulleros donde turnaban a quien iban dejando solos. Todo era muy burocrático y lento, como una maquinaria ajustada para aborrecer al detenido. Muchas horas en unos patrulleros incómodos, algún policía que decía que nos iban a separar y enviar a cada uno a distintas alcaldías, con presos comunes. Otro nos decía que pasaríamos entre 24 y 48 horas detenidos, que tuviéramos cuidado porque ahí te contagiabas de cualquier cosa, que había muchos con HIV. Varios policías afirmaron ser anti-políticos, que no les interesa para nada lo que hagan Cristina o Milei. Un policía decía que solo quieren orden y valores y que los indigentes lo son porque quieren;  que el país sale adelante solo con trabajo, que nadie debe ayudarles.

En  uno de los traslados dentro del patrullero, un policía que estaba cerca me pregunta: «¿escuchaste lo que hablamos?» Le contesté que no y me respondió: «Estamos hablando de política. Yo soy socialista pero del nacionalismo. Sí, soy nazi», le afirma a otro policía. Luego, confesó que a los políticos habría que matarlos: «Inmolarse como hacen los palestinos”. Algunos otros eran (o se hacían) los comprensivos cuando preguntaban la causa de nuestra detención, y escuchaban que nos habían llevado sin motivo, sólo para llenar una estadística. “Así es la política” repetían. Luego nos dijeron que nosotros como éramos trabajadores íbamos a salir rápido, que no éramos como los otros, refiriéndose a presos detenidos en comisarías superpobladas.

El desprecio al pobre, “el que vive de un plan”, era constante entre los comentarios. Finalmente, el sexto traslado fue a la mañana y regresamos otra vez a la comisaría 4 de Zavaleta. Nos devolvieron nuestras cosas, tuvimos la revisión médica que solo era para constatar heridas visibles. Las torceduras y golpes que no dejen huellas, obvio que no cuentan allí. A las horas nos vuelven a trasladar a Tacuarí dónde fuimos mejor tratados,  ya pronta la liberación donde nos esperaban compañerxs en la puerta. Luego de la audiencia, entre las 12 y 13hs fuimos liberados.

-¿Qué sentís luego de haber sido detenido sin motivo?

Si la idea era meternos miedo no lo consiguieron. Ahora tengo una anécdota más para contarles a mis compañeros de lucha. Quiero agradecer especialmente a Luciano Peralta y Nicolás Carnavale todo el apoyo que nos dimos. A todos quienes viralizaron las imágenes de la represión, nuestros nombres y expresaron su preocupación por nuestra detención. A mis compañeros de la Unsam, a los profes que expresaron su solidaridad y a la escuela de política y gobierno.

Especial saludo y agradecimiento a quienes se movilizaron durante la noche y a la mañana siguiente para lograr nuestra pronta liberación. A las asambleas populares de vecinxs. A los abogados de derechos humanos del Grupo de Litigio Estratégico, CEPRODH, CORREPI, la defensoría, militantes de los diversos partidos de izquierda, sindicatos docentes como SUTEBA TIGRE y ADEMYS. Especial saludo a mi compañera Meli, que estuvo todo el tiempo ahí para darme confianza coordinando toda la ayuda necesaria para que saliéramos lo antes posible, y también para que mi hijo estuviera tranquilo. A toda mi familia que ayudó también desde la búsqueda de abogados, averiguando nuestro paradero, difundiendo y yendo a la comisaría a respaldar.

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