Por Silvio Mattar

La fatal sentencia estaba en marcha. Nos avisó Horacio y lo firmó José Pablo. Ahora sí estamos vacíos…!

Es recurrir a las voces lejanas de los ideólogos, de aquellos que sembraron el pensamiento vivo. La vacuidad nos acechaba y nos alcanzó. Que pobreza franciscana vivimos… Cuánta tristeza..!

Varias veces intentamos hacerle una nota, para que nos deje una palabra, a modo de legado, como una especie de letanía, una voz milenaria y sacrificial que nos acompañe en la eterna lucha.

Pero su lánguida voz no le alcanzaba ni siquiera para regalarnos un aliento. Gracias Jose Pablo..! Gracias hermano querido..!”

Es tan triste vivir entre recuerdos, cansa tanto escuchar ese rumor, de la lluvia sutil que llora el tiempo, sobre aquello que quiso el corazón. No habrá ninguno igual, no habrá ninguno…”

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