Por Ferdinando Pecoraro

A lo largo de toda la historia y de los procesos evolutivos de las sociedades, no cabe duda, que los y las jóvenes, estuvieron siempre sujetos a un análisis y a una mirada fundada en el prejuicio y las adversidades, que provoca la generalización. La Pandemia, no hizo más que profundizar el debate sobre el rol de las Juventudes en sus comunidades. De aquí, surge una pregunta central; Los jóvenes, ¿Son culpables o protagonistas en este contexto pandémico?

El observar, desde un todo, sin una previa distinción de las partes, contextos e individualidades, sin lugar a dudas, nace desde los estereotipos que se generaron en torno a la Juventud. Una opinión generalizada, que casi siempre, ubico y ubica al conjunto de las Juventudes, en un lugar de culpabilidad. En la actualidad, el contexto que nos toca vivir, puso en resalto este dilema.

En el último tiempo, los medios de comunicación, se llenaron de títulos, portadas y noticias, poniendo en el tapete de la discusión y exponiendo a la juventud, como los principales propagadores del Coronavirus, colocándolos, en un supuesto lugar de culpabilidad social, en esta crisis sanitaria. Parece habérseles olvidado, todo el trabajo comunitario y social, que muchas de ellas y ellos hacen. Otra vez, los prejuicios estereotipados, fueron más interesantes y atractivos, que la realidad comunitaria del día a día.

Se sabe, que la juventud, es mucho menos vulnerable a la sintomatología y a la gravedad de la enfermedad, en comparación con los adultos mayores. Al tener menos peligro, las Juventudes, tomaron un rol social fundamental, en el sostenimiento de los valores solidarios, que hoy en día, son pilar para las comunidades, en el marco de la crisis. Muchas y muchos jóvenes, tomaron lugares de responsabilidad, con el solo objetivo de ayudar y sostener a la sociedad en la que viven. Naturalmente, la pandemia, profundizo las acciones humanitarias, llevadas adelante por grupos juveniles comunitarios, religiosos, políticos o deportivos, que son solo algunos ejemplos, que grafican concretamente la realidad antes mencionada. No podemos olvidarnos de los muchos, que, de forma individual, se han transformado en sostén organizativo y laboral de muchas familias, para no poner en peligro a los adultos de la casa.

Son muchas las historias de JOVENES trabajadores de la salud, JOVENES comerciantes, JOVENES educadores, JOVENES trabajadores públicos, JOVENES hijos, nietos, amigos y vecinos, que, impulsados desde el amor, la solidaridad, y afecto, se impusieron de forma desinteresada, a darle batalla a este virus y a todas las necesidades sociales que la crisis ocasionó.  Cada uno desde su lugar, con acciones diferentes, que fueron desde atender pacientes en un hospital, hacerle las compras a un abuelo, atender un comedor comunitario, llevar adelante campañas solidarias, acciones educativas y de contención social, en todos sus aspectos. Todo esto, desde un lugar profundamente humanitario.  

En la opinión pública, solo hubo lugar, para las portadas extremistas, de las reuniones clandestinas de la Juventud, basadas en un supuesto desinterés por la vida y su valor. Por su puesto, hay muchos individuos, que así lo viven y lo sienten, pero no hay duda alguna, que muchos otros, vivieron la pandemia desde la acción en post al beneficio societario.  Creo… desde mi punto de vista, que la clave para empezar a desmembrar estos estereotipos, que tanto daño le hacen a la imagen social de los jóvenes, comienza en derribar el mito, de la Juventud perdida.

Las realidades aquí planteadas, nos invitan, a poder empezar a pensar a las JUVENTUDES como espacios de promoción humanitaria, con aciertos y errores, pero fundamentalmente, con ganas de transformar a las sociedades… Impulsados, muchas veces, desde diversos sueños utópicos, pero reales al fin. Sacar a la Juventud del banquillo de los acusados, es una cuenta pendiente para el conjunto de los pueblos. Es momento de revalorizar el rol, que los jóvenes ocupan y realizan en los barrios, ciudades y sistemas. En la generalización, se encuentra el centro de este problema… La juventud, no está perdida, gran parte de ella, está trabajando arduamente para la construcción de nuestra Patria, solamente, que aún no encontraron la “suerte” de salir en la primera plana del diario del domingo.

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