Nuevos indicios de un rancio negociado consumado por el precandidato radical de Juntos por el Cambio

Por: Jorge Elbaum

La interna de Juntos por el Cambio en la Provincia de Buenos Aires exhibe tres precandidatos. Del lado del larretismo, aparece Diego Santilli. La fracción macrista proyecta al primo Jorge y los radicales, a Facundo Manes. La contienda exacerba los ánimos y empieza a diseminar el opaco pedigrí de los postulantes, sus añejas faltas disimuladas y/o sus literales fechorías. Manes es uno de los que aparece en la mira de sus propios correligionarios, después de haber participado en la interna en la que Maximiliano Abad se impuso por escasos votos a la lista liderada por Gustavo Posse, en marzo del presente año.

El médico neurólogo nacido en Salto participó, junto con su hermano Gastón, de la interna radical. Gastón fue elegido la semana pasada como el primer convencional provincial. En su ciudad de nacimiento, a Facundo lo conocen como Goropo y a su hermano menor, Gastón, como Chinchu. Según varios representantes electos a la Convención radical provincial, consultados por El Cohete a la Luna, Facundo Manes busca imponer como candidata en los primeros lugares de la  futura lista de las PASO a la ex senadora María Eugenia Estenssoro, otrora seguidora de Lilita Carió. Pero invierte gran parte de su tiempo en disimular o desmentir las acusaciones relativas a un antiguo escándalo –del que fue protagonista– y del que no dejan de aflorar ignorados datos y sombrías filtraciones.

El sector amarillo del radicalismo, conformado por Alfredo Cornejo, Gerardo Morales, Ernesto Ricardo Sanz y Daniel Salvador apuesta  a instalar un nuevo referente partidario luego del fracaso estrepitoso de Fernando de la Rúa. Para lograr ese cometido, se esmeran en disimular e invisibilizar un hecho sucedido en 2006, bastante divulgado, en el que Facundo Manes contribuyó a recluir a la pintora Natalia Cohan de Kohen en una clínica psiquiátrica a pedido de sus hijas. A pesar de que el hecho tuvo mucha repercusión en los años posteriores del encierro de la protagonista –y que incluso fue motivo de un excelente documental de Guillermina Pico– los hermanos Goropo y Chinchu continúan empecinados en impedir que se conozcan los detalles de ese negociado.

El esposo de Natalia fundó el laboratorio Argentia y lo vendió en el año 1993 en 190 millones de dólares. Cuando falleció, se dividió la fortuna familiar entre la viuda y sus dos hijas, Nora y Claudia. En el año 2005, Natalia informó a su hija mayor, Nora, su decisión de hacer un importante aporte a un futuro centro cultural organizado por el arquitecto Clorindo Testa y el artista plástico Edgardo Giménez. “Estás loca”, le dijeron sus hijas a coro, cuando se disponía a consumar dicho aporte. Su primera sorpresa fue cuando descubrió que toda su fortuna heredada había sido derivada a una cuenta controlada por su hija mayor.

Advertida por su abogada de que sus hijas estaban decididas a restringir sus recursos y se disponían a declararla insana, se le sugirió realizarse análisis preventivos que pudieran funcionar como evidencias de su sanidad psiquiátrica. El conocido psiquiatra Wilbur Grimson y la presidenta de la Asociación Argentina de Psicodiagnóstico Alicia Passalacqua coincidieron en que no existían rastros de demencia ni alteraciones psíquicas de ningún tipo. En el medio de esa disputa, las hermanas contactaron al neurocientífico Facundo Manes quien –a pedido– expidió un diagnóstico apócrifo,  el 7 de junio de 2005. Dicho certificado médico sirvió para que seis días después, el 13 de junio, la menor de las hermanas, Claudia, ingresara intempestivamente al domicilio de su madre, junto a su marido, seis enfermeros y una silla de ruedas, con el objeto de internar a su madre en un neuropsiquiátrico. El destino de Natalia fue, además el recomendado por Manes a las dos hijas: el Instituto de Neurociencia de Buenos Aires (INEBA), lugar donde empezaron de inmediato a medicarla de forma forzada, de acuerdo al diagnóstico (apócrifo)  elaborado por el prestigioso neurocientífico.  Después de una semana internada, relató Natalia, se le trababa la lengua y no podía hablar bien.

La fuerza de INECO

Chinchu y Goropo Manes. No tanta risa

Por una rara casualidad cronológica, que los correligionarios de la lista de Gustavo Posse atribuyen a una mera coincidencia, Manes fundó su propia clínica junto a Chinchu, bautizada como Instituto de Neurología Cognitiva (INECO), a los pocos meses del auxilio hipocrático  brindado a la hijas. Los hermanos de Salto siempre trabajaron en equipo articulando el cerebro con la justicia. De hecho Gastón fue el abogado de Facundo cuando fue acusado de mala praxis.

Según familiares de Natalia esa merced realizada por Goropo tuvo como estímulo una contraprestación dineraria. Un importante dirigente del radicalismo provincial sugirió –ante la consulta del Cohete– que la retribución habría alcanzado varias decenas de miles de dólares.

El certificado otorgado por el neurocientífico sirvió además para promover su proceso de insania. Pero no contaron con la lucidez de Natalia: se llevó un celular escondido y, luego de conseguir una tarjeta telefónica prepaga, logró comunicarse con el artista Edgardo Giménez a quien le pidió auxilio. Una semana después escribió un carta dándole detalles a Giménez, quien logró sensibilizar al periodista Horacio Cecchi, quien el 8 de julio  escribió una exquisita nota que logró escandalizar tanto a INEBA como a las propias hijas. Luego de 27 días de internación y como producto del alboroto mediático, las autoridades de la clínica ubicada en Guardia Vieja al 4400 le solicitaron a las hijas que retiraran a su madre del psiquiátrico.

En una entrevista posterior, el 13 de julio, Natalia atestiguaba: “Facundo Manes me endilgó una enfermedad que se llama enfermedad de Pick. Pero yo estaba sana. Me hizo internar en un neuropsiquiátrico y en sus declaraciones dijo que me hizo los estudios en FLENI, donde trabajaba antes, pero ahí ni siquiera tienen mi historia. Sólo usó los papeles de esa institución. Pero además, a una colega de él, la doctora Griselda Russo, le dijo que también me hiciera un diagnóstico y ella lo hizo, con unos términos muy científicos, sin haberme visto nunca. Yo no la conozco”. La abogada de Natalia, Ana Rosenfeld consideró que “el proceso fue viciado desde el momento de la internación (…) Para hacerla por la fuerza, debería haber habido una orden judicial o bien ella tendría que haber estado sufriendo un brote psicótico”.

Tal como consta en el expediente judicial 66741/05, el diagnóstico inicial –utilizado para recluir a Natalia– fue escrito de puño y letra por Manes con papelería del FLENI. Dicho informe no coincidía con los efectuados por Grimson y Passalacqua. El hoy precandidato le adjudicaba a Natalia un profundo deterioro conductual y una demencia frontotemporal atribuible a una enfermedad conocida como síndrome de Pick. Ante esa contradicción se instituyó una causa  judicial que fue instruida por la magistrada Gladys Adriana Carminatti, a cargo del Juzgado Nacional de Primera Instancia en lo Civil N.º 77. Las defensas solicitaron medidas de prueba al FLENI y la inclusión de la historia clínica de la paciente. La institución médica respondió, mediante carta documento, que no existía “constancia de que Facundo Manes haya evaluado en dichas secciones de la institución médica a Natalia”. Mientras que Goropo sostenía que Kohen fue “evaluada en la sección Neurología Cognitiva, Neuropsicología y Neuropsiquiatría de FLENI por un deterioro conductual asociado a atrofia frontal”, la clínica le respondía al actual precandidato con un despido bajo la acusación de emitir certificados médicos adulterados para la promoción del proceso de insania, seguido de una internación psiquiátrica forzosa y la ingesta de medicación contra la voluntad del paciente.

En la desesperación Manes le solicito/ordenó a una de sus subalternas, la neuróloga Griselda Russo, la confección de otro diagnóstico apócrifo. Dicha constancia médica firmada por la colega de Manes decía: “Si bien la paciente tiene diagnóstico previo de enfermedad bipolar, gran parte de la sintomatología actual constituyen síntomas nuevos, en el contexto de TAC de cerebro con atrofia frontal focal, compatible con demencia frontotemporal (variante frontal)”. Cuando se iniciaron las pesquisas jurídicas, la neuróloga Russo se presentó ante el escribano José Scarso y firmó una declaración en la que reconoció no haber evaluado ni conocido a la paciente en cuestión, pero sí emitido certificados por pedido del Dr. Manes. Griselda, hoy integrante de la organización Neuropsiquiatras, reconoce que el haber confiado en un estafador como Facundo Manes fue uno de los peores traspiés de su vida.

En julio de 2006 Natalia fue homenajeada por artistas plásticos, escritores y actores en el Teatro Maipo. Entre los presentes, como forma de reparar la falta cometida por uno de sus ex médicos empleados, se hizo presente el neurólogo Ramón Leiguarda, entonces director de FLENI. La jueza Carminatti falló a favor de Natalia en 2007 y la Cámara hizo lo propio el 16 de octubre de ese mismo año en relación al proceso de insania promovida por las hijas. El dictamen forense descartó la existencia del síndrome de Pick diagnosticado por Manes. De acuerdo a la Cámara, Manes actuó de manera fraudulenta en complicidad con las hijas de la anciana, quienes pretendían gozar de la fortuna familiar antes de que su madre falleciera. Natalia fue vista hace dos años por Edgardo Giménez en un shopping capitalino bajo la atenta vigilancia de una de sus hijas. Después de ese contacto la mecenas dejó de frecuentar a sus amigxs ligados al mundo del arte. Nada más se supo de ella. Si aún vive, debe tener 102 años.

Cuatro años antes de este episodio judicial, en plena crisis de 2001, los hermanos Manes fundaron una organización política denominada Grupo 1810. Desde esa plataforma enviaron  una carta pública al presidente George Bush solicitando que no apoye los créditos solicitados por Argentina salvo que se procesa previamente al necesario ajuste fiscal. Luego Facundo recaló por un tiempo en el GEN de Margarita Stolbizer. Pero su derrotero no se estancó en ese colectivo. Pocos años después aterrizó en la alianza Cambiemos, donde fungió de asesor de la exgobernadora María Eugenia Vidal.

Ese vínculo con el Hada Buena –hoy devenida en candidata metropolitana–  no le impidió deslizar apreciaciones cargadas de una profunda sensibilidad, compatibles con una indudable  perspectiva de género. En su libro de 2014, titulado Usar el cerebro, consignó: “Las diferencias sexuales anatómicas en el cerebro probablemente surgieron como resultado de presiones selectivas durante la evolución. En tiempos remotos, los hombres cazaban y las mujeres juntaban los alimentos cerca de la casa y cuidaban a los niños. Las áreas del cerebro pueden haber sido moduladas para permitir a cada sexo llevar a cabo su trabajo”. Una colega de Manes que fue parte de INECO ironizó sobre esa afirmación: “debe ser la misma razón por la que intentó desapoderar a Natalia. De todas formas, Juntos por el Cambio parece haber encontrado su candidato”.

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