“All in Argy” gritaban furibundos los agentes de bolsa celebrando la suba de bonos y acciones Argentinas en el centro neurálgico de la especulación financiera. Los inversores celebraban haberse colocado en posiciones “Argy”, como denominan a los activos argentinos, los días previos a las PASO. Y hoy están de fiesta concreta.

Jamas observaron a nuestra región como facilitadora y generadora de producción e industrialización. La contemplan a través de las movidas políticas y los negociados a aplicar, el color de turno o el triunfo de tal o cual en una gigante encuesta nacional que nos costó la friolera de la tala de 10.000 árboles por el uso de indiscriminada papelería y vaya a saber cuántos miles en efectivo.

Y asi, entre “Garches”, “Porros” “Goze” “Quema de Banco Central” “Colas explicitas” “salarios de $100.000” fueron desfilando en una pasarela colmada de luces hacia la escena, músicos de una orquesta Zambombera y desesperada, cuando entre bambalinas descansa la triste realidad de desocupados, de niños con hambre, de ciudadanos cansados dentro de una vorágine social que no conduce más que a la quietud y el descontento.

El oficialismo recibió un cimbronazo severo que afecta de modo directo a su psiquis, a su postura de “Línea popular que ofrece un modelo de inclusión distinto al Neo Liberal”, cuando en la práctica, ejecuta los mismos instrumentos dentro de una orquesta de cámara que posee siempre los mismos músicos, los rentados eternos, que tan solo abandonan su silla mediante la desaparición física.

En la misma, se renueva un Wagneriano acérrimo que posee mediatez desde su imagen y su extrema postura, una delgadísima blonda que pretende ejecutar el Cello por tan solo sonreir, una ex gobernante que ejecuta el violín con notas simplistas, teniendo en cuenta su laxa partitura que resultara efectiva. Músicos que saltan de posición y que logran consenso no importando si conocen a ciencia cierta sus lugares. La partitura sostiene el deber musical y el aplicar las notas correctas sin chistar o cuestionar algo. Un ex director de Orquesta también observa, a lo lejos, como se desempeñan sus jóvenes o sus eternos. Entrado en canas, delgadísimo, cuasi encorvado por el paso del tiempo, frota sus manos que supieron sostener la invariable batuta, en alegoría explicita hacia aquel ser siniestro denominado “Mr Burns” en el dibujo animado generacional llamado “Los Simpsons”.Y una antigua cantante, que aun pretende el crédito de María Callas, que entre pifies de notas subidas y postura Faraónica, no logra comprender la coyuntura y que las necesidades, no son las individuales y si las colectivas. Banda casi en fuga con contrapuntos extraños y a la vez, archiconocidos. Quien dirige la Orquesta actual va desde un increscendo de emoción hacia el silencio absoluto, marcando líneas sonoras vacías de contenido, disonantes, sin pompa alguna y con circunstancias graves que no se resuelven al final de la ejecución de la pieza. Y allí nosotros, como espectadores que concurrimos a un espectáculo que de modo gratuito se sucede, total a los músicos, le abona el estado. Ya estamos acostumbrados y es como que disfrutamos el dirigirnos a conciertos gratuitos, porque “No abonamos entrada”. Observamos, nos emocionamos, nos contrariamos, discutimos, nos agigantamos, pensamos a veces y no pensamos. Todo un bagaje de sensaciones desde nuestros pobres triunfos que tan solo ponderan y sostienen a músicos que pretenden seguir tocando melodías intrascendentes. Luego nos vamos cantando bajito hacia nuestros hogares, al finalizar el acto.

El rico a su riqueza y el pobre a su pobreza.

El mandatario a pensar el día de cobro de dieta y el desocupado, a enviar CV por internet. La familia que vive en la calle a conseguir mantas de gigantes afiches para taparse y concurrir a un comedero para así poder continuar sobreviviendo. El financista a observar donde sacar mayor redito. Al comerciante a temblar pensando si la AFIP visita su comercio o si se cumplimenta el pago de gastos fijos diarios. Y los músicos, pensando revertir situaciones para así poder triunfar, consagrarse como “Solistas”.

Muchachos, hay que comer. Salgan para el taller.

Por Hugo Bertone

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