Por Alfredo Silletta. El gobernador Axel Kicillof revisa hasta el último detalle lo que será  la pulseada con la oposición para aprobar la Ley Impositiva el miércoles en Diputados y el jueves en el Senado.  Sabe que el doble tropezón que recibió a fin de año, primero por el fracaso en el Senado donde no hubo quórum de la oposición y la jugada -apresurada de Carlos ‘Cuto’ Moreno- de sacarla en Diputados cuando tampoco se logró quórum del oficialismo, lo llevó al gobernador a poner un freno en el acelerador, respirar y barajar de nuevo.

Como un dirigente metódico, que no le gusta improvisar, el gobernador analizó con su equipo político más cercano las razones del fracaso de quedarse sin reforma tributaria en diciembre.

El primer error que sé analizó fue quizás el exceso  de confianza de enviar el proyecto de ley a los medios de comunicación sin ningún tipo de explicación previa, lo que permitió a los medios hegemónicos titular “impuestazo”. Un argumento falso que le permitió a la oposición salir a “defender” a los bonaerenses.

El gobierno debería haber llamado a una conferencia de prensa y explicado la segmentación del impuesto, donde el famoso aumento del 75%  afectaba solo a unas 200 partidas de propietarios de campos y a cerca de 2,6 millones de titulares de Inmuebles que tributan el Inmobiliario Urbano. Después la mayoría de los bonaerenses pagarán pequeños aumentos con un promedio del 25% anual en las facturas. Era fundamental explicar en ese momento que el gobernador había frenado el aumento del 25% de la tarifa luz que había firmado la gobernadora antes de irse.

El segundo error del gobernador fue creer que María Eugenia Vidal era la líder de la oposición y que “cumplía los acuerdos políticos”. Su breve y reciente historia política dice todo lo contrario. Desde aquella mentira de 2015 sobre que Daniel Scioli dejaba las ‘cajas vacías’ para pagar los sueldos, cuando en realidad ella se negó a recibir un crédito aprobado a muy baja tasa, a todos los engaños y persecuciones a los intendentes del peronismo durante su gestión.

Hoy Vidal no maneja la oposición y en el horizonte aparecen nuevos líderes como los intendentes Jorge Macri, Néstor Grindetti y Gustavo Posse, el sector de Emilio Monzó, sin olvidar al radicalismo fuerte en el Interior. Como dijo Kicillof  “estamos en un proceso de discusión medio difuso, la ex gobernadora se fue de viaje y su jefe de Gabinete tampoco está.Están, creo, intentando definir cómo va a funcionar el paso de ser oficialista a oposición”.

Entre los aciertos del gobernador fue darse cuanta que había que ampliar los márgenes de los actores políticos. En primer lugar invitó a almorzar a Sergio Massa, Verónica Magario -quien durante cuatro años sufrió el hostigamiento de Cambiemos- y a Federico Otermín, el presidente de la Cámara de Diputados. Allí analizaron los pasos a seguir para que esta semana se pueda destrabar la reforma tributaria y ceder en algunos puntos pero no en lo esencial de la ley.

En esas mismas horas se reunió con los 59 intendentes de Juntos por el Cambio donde explicó claramente la importancia de la ley que le permitirá obtener unos 30 mil millones de pesos adicionales a la Provincia. Ese dinero en parte va a los municipios y eso los jefes comunales, la mayoría radicales, saben qué es fundamental para la gestión. Es quizás una de las principales cartas del gobernador para presionar a los intendentes opositores. Ellos deberán decidir si continúan con el juego mediático del “impuestazo” que solo beneficia a los gurkas de Mauricio Macri y Patricia Bullrich o si piensan en sus territorios donde ponen la cara todos los días ante el vecino.

El gobernador, más allá de la presión de los números y las partidas hacia los jefes comunales, también por estas horas recibió  el apoyo político del ex presidente Eduardo Duhalde, quién defendió la reforma tributaria, y del dirigente radical Ricardo Alfonsín, que manifestó que la UCR debe ‘facilitar’ el debate y alejarse de aquellos que quieren una ‘oposición salvaje’.

Axel Kicillof se rodeó de técnicos para su gestión y está muy bien. Hoy la provincia es tierra arrasada y hay que trabajar seriamente para sacarla adelante, pero el gobernador deberá repasar un poco más las características políticas de Néstor Kirchner que, más allá de cuidar los números de la economía, le dedicaba un buen tiempo a la rosca política. Repasar el libro de Mario Wainfeld “El tipo que supo” sería un interesante punto de partida. El dialogo diario con la oposición y especialmente con los intendentes del Frente de Todos es fundamental para desbaratar todas las operetas de los medios hegemónicos.

La provincia de Buenos Aires es un potro difícil de domar.

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