Oh, casualidad, a cuatro días de las elecciones, y de manera sospechosamente misteriosa aparecieron los que serían seis de los ocho cuadernos originales del arrepentido chofer Oscar Centeno, por lo que todos los indicios apuntan a que se estaría en presencia de una burda operación mediática – judicial que bien podría estar montada desde los servicios de inteligencia.

No deja de llamar la atención que, cuando se inició esta causa hace algo más de un año, Centeno aseguró que había quemado los cuadernos en una parrilla. Por lo tanto, el chofer deberá ahora explicar por qué mintió respecto al destino de los escritos que se le atribuyen, algo que deberá complicar su situación como imputado colaborador, obligado a decir la verdad.

Y al mismo tiempo, esta aparición logró poner otra vez en escena al fiscal Carlos Stornelli, justo cuando cumple siete meses en rebeldía.

Según las fuentes judiciales y el diario La Nación, que difundió la novedad, curiosamente faltan dos cuadernos, cronológicamente ordenados, el N°3 y el N°5, donde Centeno comienza a ser más explícito en los recorridos que hacía respecto a contratistas y todo el tramo de ingreso de bolsos con dinero por parte del ex secretario presidencial Daniel Muñoz, respectivamente.

Fue el periodista y abogado Diego Cabot quien relató cómo le llegaron los cuadernos: fue a partir de un llamado anónimo que lo citó a un lugar en Nuñez, donde le entregó una bolsa de papel donde estaba ese material. Acto seguido, el individuo, de unos 60 años –siempre según el relato del columnista de La Nación– dijo que se tenía que ir porque debía volver al centro.

Y como bien remarca hoy con ironía Raúl “Tuni” Kollmann en Página/12, “el periodista, contra todo lo previsible y los consejos de cualquier padre criterioso, tomó sin problemas el paquete que le ofrecía el desconocido, sin sospechar ni por un instante que en la bolsa hubiera algo peligroso o comprometedor como un explosivo o droga. Una actitud por lo menos curiosa para un periodista que se supone expuesto por el tenor de sus publicaciones”.

Como se sabe, Cabot pactó con el fiscal Stornelli, a mediados de 2018, la forma irregular con la que se armó el expediente. Se encontraron en un bar y el fiscal se quedó con la investigación. No se mandó la causa a sorteo, como correspondía, entre muchas otras maniobras.

Uno de los hechos más sorprendentes tiene que ver con los cuadernos originales. Hace un año y medio, el periodista relató que tuvo en su poder a esos supuestos cuadernos. Según su testimonio, se los había entregado un amigo de Centeno pero los tuvo que devolver. Sólo alcanzó a sacarles fotocopias por lo que el expediente en realidad versa sobre las fotocopias de los cuadernos.

Mientras tanto, a Centeno lo llevaron a Comodoro Py, lo apartaron bruscamente de su abogado, le designaron defensor oficial y se convirtió en arrepentido en pocas horas. En ese momento dijo que a los originales de los cuadernos los había quemado en la parrilla de su casa porque tuvo miedo. O sea que el principal arrepentido, el que es la base de toda la causa, habría mentido en el inicio del expediente. Todo eso, si se comprueba que los nuevos cuadernos son realmente los “originales”.

Así las cosas, inevitablemente surgen los mil y un interrogantes: ¿Quién retuvo durante más de un año la prueba inicial para la causa? ¿Por qué el ex chofer mintió a la justicia cuando afirmó que los originales habían desaparecido en el fuego? ¿Qué impulsó a quienes mantuvieron ocultos los cuadernos a hacerlos aparecer días antes de las elecciones generales?

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