Los Olchis buscan un lugar en el que vivir, pero nunca se sienten bienvenidos en ningún sitio. Apestan y la mayoría de los humanos no los quieren. Cuando el dragón de la familia aterriza en el vertedero de Pestilandia, los Olchis se sienten como en casa y deciden convertirlo en su nuevo hogar. Pero no todo será tan fácil como ellos esperan y deberán demostrar a los ciudadanos de Pestilandia que juntos pueden salvar la ciudad.

Algo huele a podrido en Pestilandia

Pestilandia es una ciudad con un problema serio: la lamentable gestión de los residuos en el vertedero, que ha convertido la atmósfera en irrespirable, no se trata de ningún modo de un destino atractivo para los turistas, e incluso trabajar es tarea poco menos que imposible. La mujer del incompetente alcalde decide tomar cartas en el asunto, y tras enviar a su marido a un spa durante el fin de semana, pone en marcha un plan con un constructor para reemplazar el vertedero por un “templo de bienestar”. En realidad parece mucha mejor idea dejar que se afinquen en el lugar los olchis, unas criaturas verdes con muchos cuernos recién llegadas a lomos de un dragón, que se alimentan de basura, lo que podría ser una solución conveniente. Es lo que piensa Max, hijo de la alcaldesa, chico con talento al que ayuda en su propósito una amiguita y un sabio científico.

Cinta de animación alemana, nueva prueba de que las herramientas digitales permiten realizar filmes bastante apañados. Aquí el dueto compuesto por Toby Genkel y Jens Møller parte de unos libros infantiles de Erhard Dietl para entregar una historia entretenida pero algo elemental. Aborda cuestiones como la de los padres que cargan de actividades a sus hijos para que se conviertan en adultos de provecho, pero sin ocuparse verdaderamente de ellos. O la especulación que se aprovecha de las preocupaciones medioambientales para llenar los bolsillos de gente impresentable.

Falta al film un poco de chispa, los personajes son demasiado elementales, lo que se traduce en falta de conflictos de verdadera entidad. Todo se queda pues en moralejas sencillas y en bromas no demasiado elaboradas, muchas en torno a la pestilencia de la ciudad donde transcurre la acción.

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