Las líneas del área metropolitana sufren las consecuencias de las restricciones presupuestarias impuestas por el Gobierno nacional: deterioro en los servicios y despidos.

Por Pablo Tassart – Fotos: Jorge Aloy

El ajuste del Gobierno de Javier Milei ya se siente también en el sector ferroviario. Líneas como el Sarmiento o el Roca están sufriendo una merma de sus servicios que llegan a un 80% en algunos ramales, principalmente los de máquinas diésel que se encargan de trasladar a los pasajeros desde las zonas más alejadas del Gran Buenos Aires.
De esta manera los trabajadores ya denuncian un vaciamiento similar al vivido en otras épocas: «Es igual que en los 90. Vacían y despiden para después privatizar, ellos van a invertir solo en retiros voluntarios», asegura Mónica Schlotthauer, delegada de la Unión Ferroviaria, Lista Bordó, del ferrocarril Sarmiento y exdiputada del Frente de Izquierda. De esta manera, desde repuestos para el funcionamiento de las locomotoras hasta simples bolsas de basura, la compra de insumos es inexistente.
Esto se ve reflejado en una merma del 25% del servicio eléctrico Once-Moreno y en un 60% a 80% en los ramales a Lobos y Luján. «En resumen, en los servicios diésel hay dos locomotoras por ramal y una de repuesto. Con nueve para arreglar», describe Schlotthauer y agrega: «El servicio diésel no volverá a la normalidad, ya nos lo anunció la empresa. Solo retornaría alguno del ramal Mercedes, pero no a Lobos, porque allí hay que también reparar vías y presupuesto para eso tampoco hay». También denuncian problemas en el mantenimiento de las usinas eléctricas, con reiterados cortes de energía que afectan el funcionamiento.
De esta manera los usuarios han sufrido demoras de hasta dos horas y media y gastos tres veces superiores, al tener que utilizar otros medios alternativos de transporte. Además de un mayor abarrotamiento en las formaciones, al haberse producido un aumento de pasajeros por quienes buscan una forma de traslado más barata, debido a la crisis.

Viejos trenes
Por su lado, la situación en las líneas Mitre, San Martín, Belgrano Sur y Roca no es muy diferente. Según Ariel Somer, trabajador de infraestructura de esta última y delegado de la agrupación La naranja ferroviaria, «en principio se redujeron 70 trenes desde enero. Siempre es así en verano, pero se mantuvo hasta ahora. Eso alteró las frecuencias, sacaron varios servicios rápidos y los primeros de la mañana, generando que la gente viaje más amontonada en las horas pico». Y la situación empeorará a partir de mayo ya que la empresa anunció una reducción de 150 servicios para las seis líneas del ramal.
Somer también asegura que están paralizadas todas las obras y no se compra ningún tipo de insumo desde diciembre. Dato que se puede corroborar al analizar las partidas ejecutadas en el presupuesto de este año, que además de continuar con los números del anterior sin ningún tipo de actualización, no registran movimiento en el rubro de inversiones. El delegado del Roca destaca la renovación de la estación Temperley como una de las refacciones que se abandonaron y que estaba avanzada en un 60%, además de diversos puentes y túneles bajo nivel. Pero, además, agrega Somer, «se trabaja con lo que hay. Como no se compran repuestos, se usan las partes de los trenes que no están corriendo. Así se está consumiendo el patrimonio ferroviario».

Telegramas. Despidos en el organismo responsable del cuidado, administración y obras de seguridad en los ferrocarriles.

Adrián es trabajador del sector mantenimiento de vías del Roca, no quiso dar su apellido por temor a represalias, y describe la situación con un ejemplo que vive de primera mano: «La reforma del andén de la estación Florencio Varela, por ejemplo, se dejó sin terminar. También la renovación de las vías. El tren tiene que cambiar de vía cuando llega a Varela, porque hay un solo tramo que está habilitado. Eso produce demoras porque para hacer el cambio tenés que esperar a que no venga ningún otro tren de frente. Esto demora todos los servicios, del que tiene que hacer el cambio, pero también del que viene porque tiene que esperar a que pase el otro. Y de todos los que vienen atrás».
Por otra parte, además de los retrasos o cancelaciones por roturas o las ya programadas, al no cambiarse las vías hay más roturas, con más probabilidad de accidentes, por eso, para evitarlos, la circulación es más lenta: «Está plagado de carteles de reducción de velocidad: a 30 kilómetros o a 12 kilómetros por hora», asegura Adrián.
Además, tanto trabajadores como usuarios de esta empresa, ya comenzaron a ver el retorno de los viejos trenes eléctricos Toshiba japoneses de la década del 60, que habían sido reemplazados en los últimos años por nuevas formaciones chinas. Sin embargo, al no poder reparar estos nuevos trenes, tuvieron que reutilizar aquellas viejas formaciones que hace años estaban fuera de circulación.

Situación laboral
La realidad de los trabajadores no es mucho mejor. La amenaza de una reducción del 30% hecha por el Gobierno nacional ya se comenzó a materializar con los 116 despedidos en la Administración de Infraestructuras Ferroviarias Sociedad del Estado (ADIF), un organismo que se encarga del cuidado, administración y obras de seguridad en toda la traza de los ferrocarriles.
El primer paso fue la paralización de obras, como los puentes modulares en zona oeste o nuevos pasos bajo nivel en el tren Mitre, para luego proceder a la desvinculación. Así lo hizo saber la empresa que adujo que ya no tiene sentido la permanencia de esos trabajadores.
Según la agrupación La naranja ferroviaria la gravedad de estos despidos reside en que en este organismo «se mantiene el funcionamiento del tren diario. La mayoría son profesionales, ingenieros, arquitectos. Hay funcionarios especializados en infraestructura ferroviaria, no cualquiera lo puede sostener».
Para Schlotthauer el copamiento por parte del Gobierno nacional en este organismo no es casual: «Al ser los encargados tambén de la administración pueden vender tierras del ferrocarril y ahí hay todo un negocio inmobiliario. Por ejemplo, en las estaciones que ya no se usan más como en Chacarita o en Pompeya».
Además del cierre de muchas boleterías, el 20% de aumento salarial adeudado, más el ofrecimiento de retiros voluntarios en 36 cuotas y con el reconocimiento de tan solo el sueldo básico sin ningún otro ítem se suman a la lista de malestares.

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