El St. Pauli, considerado el club antifascista de Hamburgo, ascendió el pasado fin de semana a la primera división del fútbol alemán. Lleno de curiosidades, estética rockera, e idealizaciones, el ascenso es festejado en distintas partes del mundo donde el equipo ganó afinidad por cuestiones extra futbolísticas: ser una hinchada que se diferencia de otras al mostrar su apoyo a las poblaciones migrantes y disidencias sexo-genéricas desde una perspectiva liberal. Una crónica de un festejo con mucha música, corrección política, consignas que no suelen verse en otras tribunas, pero con la ausencia del tema que hoy tiene al mundo en conmoción: el genocidio en Gaza. Por Matías Cervilla, desde Hamburgo para ANRed


Crónica del partido entre St. Pauli y VfL Osnabrück

8am. El tren Berlin-Hamburgo está por llegar a la estación central de la capital alemana. En el andén un par de punkys esperan ansiosos. Bajo las camperas de cuero con tachas y parches antifascistas se ven sus remeras marrones. Cerca de ellos hay una pareja de mediana edad hablando en español, llevan bufandas marrones y blancas. Más tarde contarán que vienen viajando desde España para ver al club que les apasiona en una fecha clave. Al fondo algunos tipos con ropa deportiva hooligan merodean de un lado al otro. Todos son hinchas de St. Pauli que viajan desde distintos puntos de Alemania y de Europa con la esperanza de verlo ascender luego de 13 años en la Bundesliga 2, la segunda división del fútbol alemán.

El club lleva el nombre del barrio de la zona portuaria de Hamburgo, Sankt Pauli. A principios de la década del ´60, ese barrio albergó y fogueó a cuatro jóvenes británicos de Liverpool que fueron contratados para tocar su rock and roll en los bares de la zona durante los primeros meses de su carrera.

La institución ganó su fama de rebelde por su público punk y sobre todo por su abierto apoyo a la inmigración y los valores críticos de la homofobia, el racismo, la guerra y demás flagelos que son moneda corriente en Europa y el mundo.

Ya en Hamburgo, en el subte rumbo al estadio Millerntor prácticamente todas las personas tienen algo marrón. Un pasajero me escucha hablar español y se acerca. Cuenta que llegó hace quince años desde Perú y que está desesperado porque no consigue entrada.

Al llegar a las inmediaciones del estadio, entre la multitud, decenas de personas circulan con carteles que dicen Suche Karte, que se puede traducir literalmente como “busco entrada”.

Al observar al público uno piensa en el nexo con los cuatro fantásticos de Liverpool, porque da la impresión de que más que un partido de fútbol lo que está por empezar es un recital. No de los Beatles, sino más bien de punk o ska. Mucho skinhead antifascista, punk, hooligan. Tatuajes, piercings, parches, remeras de rock, remeras con consignas anti homofobia, anti fascistas, chicas con corte “chelsea”, tiradores, etc. El logo de Acción Antifascista es omnipresente. Las inmediaciones de la cancha, plagadas de grafitis.

En el propio estadio hay dos locales de ropa. Uno es la tienda oficial del club, con la camiseta oficial y la ropa de la marca que auspicia a la institución, que curiosamente es Levis. El otro es la tienda de los fans. Ahí se profundiza la sensación de estar en un local de recitales hardcore-punk, con feria de fanzines incluida. Se venden pines, remeras, stickers y demás merchandising no-oficial pero evidentemente tolerado y promovido por el club. Por supuesto, junto a la cola de hinchas que espera que abran las puertas, ameniza una banda punk en vivo.

Foto de la tribuna detrás del arco. Se ven banderas de marrón y blanco algunas con la cara del Che, otras con el logo antifascista.

Foto Matías Cervilla (ANRed)

Son las 10am y los bares del barrio Sankt Pauli estallan de gente. Están haciendo la previa. Esto consiste, casi uniformemente, en cerveza marca Astra (muy ligada al barrio y al club) y bratwurst, salchichas alemanas (tipo parrillera) con mostaza de dijon acompañadas con (y-no-dentro-de) un pan que en nada se asemeja al del pancho sino que es más bien un miñón o una flautita.

En uno de esos bares, Domschanke, se junta la peña argentina, los “Piratas del Sur”. Junto a una bandera que dice en alemán que “Argentina es marrón y blanco”, se encuentran algunos de los argentinos que vinieron a Hamburgo especialmente para este partido. Algunos desde Berlín, otros desde Barcelona, uno cuenta que vino desde Uruguay porque coincidían la gira de AC/DC con el posible ascenso del St. Pauli. Otro de ellos voló desde la Argentina para ver este partido. Se llama Jairo, lo conocen todos. Sus amigos alemanes, hinchas polacos, españoles, argentinos, uruguayos, pasan, le gritan, lo saludan, lo abrazan. El dato revelador: sus amigos de la cancha hicieron una vaquita para pagar el pasaje juntando vasos de las tribunas y canjeándolos por el depósito de la devolución en el bar del estadio. Jairo cuenta que vivió muchos años en Hamburgo y que ahora volvió a Buenos Aires, donde se junta a las proyecciones de partidos y otras actividades que Piratas del Sur hace en la capital argentina.

El club de fans argentino nació principalmente de hinchas de Platense que buscaban clubes con colores similares. A estos se sumaron quienes por cuestiones político-ideológicas sienten afinidad con el club de Hamburgo.

No son los únicos: además de los argentinos, hay grupos que, por ejemplo, posan con banderas de “St. Pauli Toronto Fans”, otros de Polonia y así sucesivamente. La denominación de “fans” no es aleatoria, dado que el vínculo entre el club y los hinchas tiene mucho del ambiente rockero. Y si el club tiene un ambiente musical, también la música tiene un rol especial en el St. Pauli.

Cerca del mediodía la hinchada organizada (por las enormes diferencias culturales sería un desacierto llamarla “Barrabrava”) llegó al estadio agitando banderas del Che Guevara, “Fuck AFD” (contra el partido de la ultraderecha alemana que viene avanzando en las urnas), la A de la anarquía, la diversidad sexual y Acción Antifascista al ritmo de How Much is The Fish? de Scooter.

Ya en la cancha, como sucede en cada encuentro del club, los jugadores salen con las campanas de Hells Bells de AC/DC. Un dato curioso es que cuando presentan a los jugadores titulares del equipo local, mientras los muestran en la pantalla gigante ubicada en una de las esquinas, la voz del estadio sólo dice el nombre de pila de cada jugador y la hinchada grita el apellido. Lo mismo cuando hacen un gol.

Respecto a la música, los goles suelen ser festejados con “Song 2” de Blur y este partido no es la excepción: por los parlantes del estadio suena la canción de la banda de Damon Albarn. En el entretiempo suena el himno skinhead 54-46 That’s my number de los jamaiquinos Toots & the Martyals. Al salir el equipo a la cancha en el segundo tiempo suena Antifa hoolingan de Los Fastidios, con toda la hinchada cantando el estribillo ”come on… come on” de la banda ska/punk/Oi italiana.

Viniendo de la Argentina con una fuerte tradición futbolera es difícil ponderar a las hinchadas alemanas, pero hay dos cosas que pueden decirse. Una: no se los puede acusar de amargos, porque cantan todo el partido. Y dos: son bastante organizados, aplauden todos a la vez, una bandeja canta una frase, la otra le responde. También puede decirse que, al menos algunos, no le temen a la “mufa” de vestir bufandas (¿mufandas?) con frases que festejan el ascenso antes de jugar el partido, pero ese es otro cantar. Tampoco le temen a preanunciar una victoria, tal es así que cuando el equipo se pone dos goles arriba la hinchada local despliega una bandera que dice “It’s over” (en castellano: “se acabó”).

Por último, respecto a las diferencias cabalísticas, consumada la victoria del equipo de las calaveras piratas y el consecuente ascenso a la primera división (Bundesliga 1), pero faltando una fecha por jugarse y con solo un punto de ventaja sobre el segundo, suena We are the champions de Queen.

En materia deportiva, en la cancha (que dicho sea de paso, para estándares sudamericanos es como un paño de billar) pasó lo que se esperaba: ganó el St. Pauli 3 a 1 al un VFL Osnabrück último y ya descendido. Cinco minutos antes de terminado el partido se abrieron las puertas del estadio y quienes no habían conseguido entrada tuvieron la oportunidad de festejar. Por supuesto, el partido terminó como tenía que terminar: con la gente corriendo en el campo de juego y abrazando a los jugadores literalmente durante horas. Y viceversa, una vez duchados en el vestuario, también los jugadores cruzaron toda la tribuna caminando entre los hinchas para seguir festejando con ellos, como seres sagrados pero igualmente mundanos, que bajan del pedestal donde solemos ver al futbolista profesional promedio. Nada más importa. La próxima temporada jugarán en primera. Ahora solo es momento de disfrutar y de ver el show sorpresa de Los Fastidios, que terminan por coronar un festejo épico.

La contradicción en relación a Palestina

Los posicionamientos en relación a Palestina y el fantasma del tabú sobre el antisemitismo en Alemania generan controversia interna en el club. Mientras este mantiene la corrección política de cuestionar a Israel por miedo a ser tildado de «antisemita», e incluso hubo una bandera con la consigna «Fight antisemitism, free Gaza from Hamas» (combate al antisemitismo, liberen a Gaza de Hamas) fue exhibida en un partido contra el Shalke 04 el pasado 31 de octubre acusando al Celtic (otra hinchada antifascsita y pro Palestina) de antisemita, lo que generó una respuesta de la filial de hinchas de Celtic en Bérgamo, Italia que respondió con una bandera que decía «liberen a Hamburgo de Hipsters».

Cruce de banderas entre el St Pauli y el Celtic, dos hinchadas antifascistas que se vieron enfrentadas por el genocidio en Gaza.

Pero tampoco es homogénea la postura dentro del St. Pauli. Una carta redactada por sus hinchas había cuestionado a la conducción del club, semanas antes del cruce de banderas, por malinterpretar el mensaje antifascista en favor del racismo y el colonialismo utilizando el concepto de antisemitismo para descalificar a las resistencias contra la ocupación sionista.

Por unos días este altercado quedo atrás, o quizás reapareció según de que óptica se la mire. El St. Pauli va a jugar la Bundesliga la próxima temporada y el fútbol, como fenómeno de masas, seguirá debatiendo.

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