Hace 20 años, Marcela La Tigresa Acuña participó de la primera pelea profesional de mujeres en Argentina, tras conseguir que la Federación Argentina de Box (FAB) reglamente el boxeo femenino en nuestro país. Hoy, remarca orgullosa: “Históricamente, Argentina fue cuna de grandes boxeadores. Actualmente, estamos en una época donde prácticamente reinamos nosotras”.

28 de abril de 2001. Era la primera vez que el boxeo argentino tenía a una mujer sobre sus balanzas. Aquel día, la pelea protagonizada por el cordobés Ariel Coloradito Nistal y el nigeriano Daniel El Profeta Attah quedó en segundo plano. El público estaba pendiente de aquella formoseña de 24 años que el mes anterior había recibido la primera licencia profesional argentina por parte de la Federación Argentina de Box (FAB).

 

En medio del murmullo, una voz oficializó el pesaje: “Marcela Acuña, 56,450kg”. Antes, se había llevado a cabo el registro de la estadounidense Jamillia Lawrence, de 31 años. Ese día, a las doce de la noche, se realizó la primera pelea profesional de mujeres en nuestro país.

Tras bajarse de la balanza, Marcela La Tigresa Acuña se acercó hacia las cámaras. Llevaba una malla ajustada, color azul Francia. Ante los flashes, dobló sus brazos para que le sacaran una foto: el primer golpe en el boxeo femenino argentino.

En 1996, La Tigresa viajó desde Formosa hacia Buenos Aires con los estudios médicos que exigía la FAB para entregar la licencia de boxeador profesional. Sin embargo, la respuesta que recibió no fue la que esperaba: no existía en Argentina la reglamentación para el boxeo femenino.

“Me dijeron que yo era la única mujer que quería boxear. Fue una sorpresa para ellos y para mí. Les conté quién había sido mi inspiración, pero no hubo caso”, confesó a Relatores.

Meses antes, por televisión, La Tigresa había visto –un tanto encandilada– a la estadounidense Christy Martin arriba del ring. “Yo también quiero esto. Quiero boxear y ser campeona mundial”, pensó frente a la pantalla.

Su relación con los deportes de contacto comenzó a sus 7 años, tras cambiar la danza española por el full contact. La tarde en la que vio el entrenamiento de su hermano mayor, comprendió por primera vez que –muchas veces– los amores llegan cuando una menos los espera.

Aquel año, tras la negativa de la FAB, Christy Martin viajó a la Argentina como parte de una gira por Sudamérica para promocionar el boxeo femenino. En aquella oportunidad, la estadounidense estuvo en el programa que conducía Mauro Viale, “Mediodía con Mauro”.

“Necesitaban a una mujer, sabían que yo existía porque había tocado varias puertas, así que aquel día me llamaron e hice una exhibición junto a ella”, recuerda. Para sorpresa de todos, la argentina aquel día se plantó frente a Martin, sin la experiencia necesaria. Eso le valió que Claudio González, representante de la boxeadora estadounidense, gestionara la pelea oficial.

Así fue que el 5 de diciembre de 1997, en el Amphitheater de Pompano Beach, La Tigresa tuvo su primera pelea profesional y cayó por puntos ante Martin. Sin embargo, desde Estados Unidos, se trajo una victoria bajo el brazo: el reglamento del boxeo femenino en Miami.

Osvaldo Bisbal era en 1997 la máxima autoridad de la FAB. Al tanto del crecimiento del boxeo femenino en Estados Unidos, le interesaba la nueva propuesta. Sin embargo, el resto de los dirigentes no opinaba lo mismo.

“Las excusas que ellos ponían eran que estaban estudiando la fisiología de la mujer porque creían que nuestro cuerpo no estaba preparado para recibir golpes”, confiesa. Sin embargo, Acuña dobló sus brazos.

Junto a su esposo y entrenador, Ramón Chaparro, viajó desde Formosa y se instaló en la provincia de Buenos Aires. Una vez por semana, se acercó hacia la FAB para que la escucharan. Con ímpetu, fiereza, garra.

Finalmente, el 23 de marzo de 2001 quedó oficializado el nuevo reglamento que incluía la práctica del boxeo femenino. Dos días después, La Tigresa recibió su licencia profesional. En 20 años de carrera –además de ser pionera y abrirle camino a sus colegas– fue campeona argentina y del mundo.

Actualmente, nuestro país es una potencia en boxeo femenino: 32 campeonas mundiales, medallistas panamericanas y una en Juegos Olímpicos de la Juventud. Además, cuenta con más campeonas mundiales mujeres (Daniela Bermúdez, Nazarena Romero, María Cecilia Román, Micaela Luján, Leonela Yudica, Débora Anahí López y Evelyn Bermúdez) que hombres (Brian Castaño). “Históricamente, Argentina fue cuna de grandes boxeadores. Actualmente, estamos en una época donde prácticamente reinamos nosotras”, remarca orgullosa.

Tras cumplirse 20 años de la primera pelea profesional, Marcela Acuña aún sabe que queda mucho por conseguir: la igualdad económica, la visibilización del boxeo femenino y el trato de la maternidad en el deporte. “Acá los que no están preparados para que las deportistas sean madres son la sociedad y los dirigentes. Eso es lo que piensan ellos, pero son ellos los que deberían prepararse”, señala.

Por eso, a sus 44 años, aún La Tigresa confiesa vacilante que este año será el que cuelgue los guantes. “Pero, ¿sabés cuál es el problema? Me apasiona tanto que me cuesta mucho dejarlo”, se defiende por si finalmente no cumple con su palabra.

Fuente: Relatores

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