La comisión ejecutiva del Episcopado, que preside el obispo de San Isidro, monseñor Oscar Ojea, trazó hoy un duro diagnóstico sobre la situación social, marcada por una inflación que “desde hace años crece día a día, y pega fuertemente en el precio de los alimentos”. Al expresar su preocupación por un escenario de trabajo sacrificado y de bajos ingresos, advirtió que “la comida no puede ser la variable de ajuste”.

En su primer mensaje del año, una semana antes de que el presidente Javier Milei se reúna con el papa Francisco en el Vaticano, la Iglesia afirmó que “a cientos de miles de familias se les hace cada vez más difícil alimentarse bien”. Los obispos llamaron la atención, así, sobre una situación que impacta en la provisión de alimentos en los comedores.

En este sentido, destacaron el rol de los comedores comunitarios, de parroquias, Iglesias evangélicas, y de movimientos populares que brindan alimentos a las personas que lo necesitan, y sostuvieron que “el estado nacional, provincial y municipal, tienen que aprovecharla para que nadie se quede sin el pan de cada día”.

“Todos los espacios de cuidado que dan de comer, todos los comedores comunitarios, de parroquias, Iglesias evangélicas, y de movimientos populares deben recibir ayuda sin dilación. Ningún sector de los que hoy están actuando, ninguna institución o Iglesia, podría hacerlo solo”, agregaron.

En este sentido, desde la Comisión Ejecutiva de la CEA remarcaron que “como obispos, en el trato pastoral con la gente sencilla, hemos aprendido que ‘Un plato de comida no se le niega a nadie’”. Sostuvieron que “en nuestra patria nadie debería pasar hambre, ya que es una tierra bendita de pan”. Sin embargo, “hoy, a cientos de miles de familias se les hace cada vez más difícil alimentarse bien”.

La declaración es una clara como contundente respuesta al Gobierno nacional, que mantiene pisado el envío de fondos y alimentos a los comedores comunitarios en todo el país, en el marco de una situación que se agrava día a día.

En el documento, titulado “El pedido del pan de cada día es un clamor de justicia”, la CEA resaltó que “es necesario anticiparse para que esta situación no profundice la crisis alimentaria”, y en ese sentido consideró que “se debe facilitar a las personas, las comunidades y al pueblo aquello que se necesite para ayudar a los más frágiles, especialmente a niños, niñas, adolescentes y adultos mayores”.

“Ante una crisis -mencionó el texto- no son suficientes los paradigmas tecnocráticos, sean estadocéntricos, sean mercadocéntricos, es necesaria la comunidad”, afirmó.

El documento indicó que “la inflación desde hace años crece día a día y pega fuertemente en el precio de los alimentos”, una situación que “siente claramente la clase media trabajadora, los jubilados y aquellos que no ven crecer sus salarios”.

“Ante este escenario de trabajo sacrificado y de bajos ingresos, las familias se privan de muchas cosas. Por ejemplo, una mamá puede privarse de tomar un colectivo y camina para ahorrar, pero de ninguna manera puede no darle de comer a sus hijos. Es decir, la comida no puede ser una variable de ajuste”, sostuvo.

La CEA recordó que el tiempo de la pandemia de Covid-19 “enseñó el valor de la respuesta comunitaria organizada” y que en aquel tiempo de emergencia sanitaria “se multiplicaron los comedores” en las parroquias, las Iglesias evangélicas y los movimientos populares. Así, destacó que “las grandes protagonistas fueron las mujeres”, porque “cada una se acercó a la olla pensando no sólo en sus hijos, sino también en los de los vecinos”.

Y agregó: “Toda esta comunidad, verdadero ejército de amor y servicio, está dispuesta a dar de comer ahora porque hace falta, pero sin renunciar a seguirse poniendo la patria al hombro, para que en nuestra querida Argentina se haga realidad el sueño de Tierra, Techo, y Trabajo para cada familia”.

Como ejemplo, citan iniciativas como la del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), que demostraron tener un impacto muy positivo, son fácilmente auditables y pueden aplicarse a todos estos lugares”.

“Sin interrumpir la actividad de los espacios que continúan brindando asistencia alimentaria, se los puede auditar al mismo tiempo para que den cuenta de su transparencia y de este modo, contribuir a optimizar la ayuda sin descuidar a nadie”, concluyen los integrantes de la comisión ejecutiva del Episcopado.

Junto con monseñor Ojea firman la declaración los arzobispos Marcelo Colombo (Mendoza) y Carlos Azpiroz Costa (Bahía Blanca), ambos vicepresidentes del Episcopado, y el secretario general y obispo auxiliar de La Plata, Alberto Bochatey.

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