Los observadores más perspicaces de todo el mundo ya intuyen la verdad: que Rusia no sólo ha ganado en Ucrania, sino que ha puesto a la OTAN en una muy difícil situación

Por EMILIO LUIS MAGNAGHI

Ya van dos años de operaciones militares en el espacio comprendido por las fronteras de la Federación Rusa con un antiguo miembro de la desaparecida URSS, Ucrania.

En un principio, muchos creyeron, entre los que me cuento, que veríamos una fulgurante campaña rusa al mejor estilo de la “blitzkrieg” alemana durante la Segunda Guerra Mundial. Pero no fue así. No es que los rusos no hayan conquistado sus objetivos iniciales, que eran desmilitarizar y desnazificar a Ucrania, y tampoco que no estén pudiendo mantenerlos o incluso incrementar su dominio sobre los espacios ucranianos.

Sin embargo, ya se ha hecho evidente que la estrategia y la doctrina rusas para esta guerra no son lo que la gran mayoría de nosotros diríamos que serían. Ya que ellos están peleando “su” guerra acorde a su estilo y a objetivos ulteriores que no conocemos con certeza, pero que dado el tiempo transcurrido podemos deducir, por fin, ahora.

La guerra de Ucrania a vuelo de dron

Para empezar a entender hay que reconocer que cerca de medio millón de ucranianos (y unos miles de “voluntarios”  de la OTAN) han sido sacrificados por esta incomprensión radical de que sería una guerra rápida y de alta tecnología. Además de que se han consumido grandes cantidades de equipo y de municiones occidentales, hasta el punto de casi agotar las reservas, tanto de los países europeos de la OTAN como de los EE.UU.

Para seguir, creo que todos hemos visto una innumerable cantidad de videos filmados por drones. Principalmente de las fortificaciones de campaña que Ucrania construyó, con la guía de la OTAN, a lo largo de ocho años. Lo que nos ha traído, casi sin quererlo, recuerdos de guerras pasadas, como la de trincheras de la Primera Guerra Mundial.

Guerras basadas en la elemental lógica de que su victoria depende, en gran medida, de no quedarse sin hombres, sin armamento pesado y sin municiones y, especialmente, de que el enemigo sea lo bastante torpe para zafar y no sepa eludir esa confrontación.

Lamentablemente, para Ucrania, los asesores expertos militares de los EE.UU. parecen haber pasado por el tamiz de las  fáciles victorias contra Irak en 1990 y en el 2003, ambas basadas en una guerra de maniobras mecanizadas/blindadas apoyadas por una supuesta superioridad de las denominadas armas inteligentes.

Pero lo que han pasado por alto los expertos occidentales es que bajo ningún concepto la derrota del débil ejército iraquí era una medida universal de su excelencia. Porque es evidente que desde la Guerra de Corea, Estados Unidos no se ha enfrentado a un adversario igual o casi igual en un conflicto de alta intensidad, pues durante casi tres cuartos de siglo el ejército estadounidense no ha sido realmente probado “bajo fuego”.

Por el contrario, las fuerzas militares de EE.UU. sólo han confrontado a grupos de campesinos armados con armas livianas, pero no tienen la menor idea de lo que es sostener un frente contra algo parecido a la artillería o a los misiles rusos. Algo que no se ve ni siquiera en las películas de Hollywood o en sus videojuegos.

En consecuencia, la autopercepción del Pentágono de una supuesta supremacía tecnológica sólo ha contribuido a una subestimación de las capacidades de su adversario actual. Uno que tiene bien ganado sus laureles de gloria bélica y que se remontan a la derrota de la magnífica Wehrmacht germana, durante la Segunda Guerra Mundial, precisamente en esas mismas tierras negras de Ucrania.

Justamente, es un analista estadounidense, William Shryver, quien nos explica la repetida secuencia táctica usada por las fuerzas rusas durante la batalla del Donbass:

  • Paso # 1: Unidades de reconocimiento avanzadas (a menudo en fuerza, con docenas o cientos de drones sobre sus cabezas) para evaluar la situación, atraer fuego, transmitir a los comandantes video en bruto y coordenadas geográficas.
  • Paso # 2: Enjambres de drones corrigen objetivos sobre sus cabezas, transmitiendo videos de ataque en tiempo real, procediendo a atacar las fortificaciones con artillería remolcada y móvil, con sistemas de cohetes de lanzamiento múltiple (en distintas gradaciones de fuerza y de precisión) e incluso lanzando horribles municiones termobáricas para objetivos particularmente adecuados.

Deje que el humo se disipe.

  • Repita el paso # 1.

¿Todavía hay algo que se mueve allí?

  • Repita el paso # 2.
  • Repita el paso # 1.

¿Cadáveres por todas partes?

  • Paso # 3: Envíe tanques e infantería para limpiar.
  • Pase a la siguiente serie de fortificaciones.

Y así sucesivamente…

Un grave error

Principalmente por esta razón y por otras es que Ucrania ha sufrido cientos de miles de muertos en esta batalla. Y por qué, comparativamente, los rusos han debido soportar muy pocas, probablemente en una proporción tan baja como de 1:8 y muy posiblemente incluso menor.

En pocas palabras, han sido la humilde y vieja artillería, los ataques aéreos y las municiones guiadas de precisión las que están llevando a cabo casi todos los combates y producido la masa de las bajas.

Pero la arrogancia occidental no se ha detenido en una errónea apreciación de las capacidades rusas. De paso depositó una confianza excesiva en la calidad superior de su armamento.

Muy reveladoras han sido las filmaciones hechas por los drones rusos tipo Lancet en la destrucción de los “indestructibles” tanques pesados alemanes Leopard 2, ingleses Challenger 2 y estadounidenses M1 Abrams. Tal vez, con la honrosa excepción de los misiles portátiles antitanques Javelin y los antiaéreos Stinger, el resto del armamento occidental ha quedado expuesto a numerosas limitaciones. Especialmente la calidad de su artillería de tubo con sus obuses M-777, que se descomponen después de unos cientos de tiros, o con sus sistemas de defensa aérea como los Patriot, impotentes para detener a los precisos misiles hipersónicos.

En un plano superior, los planificadores de la OTAN se engañaron a sí mismos creyendo que los rusos carecían de la capacidad estratégica y logística, de una fuerza suficientemente bien entrenada y, posiblemente el mayor error de cálculo de todos, de suficientes reservas de personal y de capacidad industrial para producir las estratosféricas cantidades de municiones para llevar a cabo un conflicto prolongado de alta intensidad.

Pese a todo lo enunciado, la OTAN sí ha sabido ser exitosa en un aspecto muy importante, cual ha sido la guerra psicológica de propaganda que durante un largo tiempo logró convencer a muchos, expertos incluidos, con slogans tales como “Ucrania está ganando” y “el inepto ejército ruso está siendo humillado”.

Pero los observadores más perspicaces de todo el mundo ya intuyen la verdad. Y es que Rusia no sólo ha ganado en Ucrania, sino que ha puesto a la OTAN en una muy difícil situación, especialmente logística, al obligarla a gastar buena parte de sus reservas de equipo, de materiales y de munición.

Para peor, el instrumento militar de la OTAN ha perdido su capacidad de intimidación global, lo que se verá reflejado en los conflictos por venir, por lo que es difícil augurar que su prestigio logre sobrevivir a los resultados de esta guerra vista a vuelo de dron.

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