La historia nos demuestra que los abultados déficits fiscales generan inflación. Esto es algo que debemos incluir en nuestro Plan Estratégico.

Por Walter Morales

El REM espera que la inflación sea cercana a 50%. Nosotros la esperamos por debajo a 47%, a pesar que la marcha del primer cuatrimestre muestra una tasa de 62,6% anual.

A favor de la desaceleración está el congelamiento de las tarifas pero especialmente que durante la segunda quincena de abril se produjo un freno importante al alza de precios a través del anclaje del dólar.

Se trata de una política de corto aliento, porque el atraso cambiario termina siendo un subsidio a las importaciones, y trabarlas en un contexto de baja utilización de la capacidad instalada junto a los problemas financieros ocasionados por la pandemia, no es sostenible en el tiempo. En otras palabras, es factible que post elecciones o en 2022 haya un ajuste cambiario, pero eso es un problema para el año que viene… Ahora más allá del cuando, son medidas que atentan contra la inversión.

Los controles de precios obligan a las empresas a cambiar el packaging, tanto para tener presentaciones que aún no están dentro los controles como para permitir absorber futuros aumentos de costos, de manera tal de mantener la producción lo más cerca posible al punto de equilibrio. Otra alternativa es incursionar en bienes y servicios de mayor valor agregado. Proteger el EBITDA es mandatorio.

Los acuerdos de precios no son de utilidad porque por más buenas intenciones que haya, los costos suben por la tendencia alcista de los precios de las materias primas. Lanzar una canasta con 120 productos, con precios que estarán congelados hasta fin de año en una economía que tiene una inflación superior a 3% mensual, no es creíble.

Los altos precios de las materias primas van a continuar presionando a los costos de las empresas. Hay que celebrar contratos a futuro porque es factible que los precios continúen al alza durante lo que resta de 2021.

La mayoría de los empresarios consultados mencionaron tres factores necesarios para tener más competitividad: mayor oferta de materias primas y a precios más convenientes, menos impuestos y mejora en la infraestructura.

La mayoría de los empresarios consultados mencionaron tres factores necesarios para tener más competitividad: mayor oferta de materias primas y a precios más convenientes, menos impuestos y mejora en la infraestructura.

El Gobierno debería recortar impuestos a las materias primas, para absorber los aumentos de costos en el resto de la cadena y a la vez ser más competitivo a la hora de exportar valor agregado. Sin embargo, piensa en incrementar retenciones para disminuir la inflación.

La historia nos demuestra que los abultados déficits fiscales generan inflación. Esto es algo que debemos incluir en nuestro Plan Estratégico. A priori hay dos palabras que para nosotros son clave: automatización y contar con una oferta de productos y servicios con el mayor valor agregado posible, ya que esto nos va asegurar trabajar con márgenes altos.

Tenemos que ir pensando en salarios que terminarán aumentando entre 42% y 45% en 2021. Bancarios y Camioneros van a marcar el rumbo.

Los camioneros piden 40% de aumento y habitualmente firman acuerdos con una letra chica que implica un incremento aún mayor (¿44%?). Bancarios cerró en 29% pero como todos los demás sectores, con cláusula de revisión. El tamaño del ajuste va a servir como parámetro para los demás sindicatos.

Nosotros esperamos que en el último trimestre se otorguen aumentos entre 6% y 10% adicionales, con lo cual el poder adquisitivo perderá entre 1% y 3% en el año calendario.

Si la economía acompaña, la postura del Gobierno es que los salarios aumenten en torno a 3 puntos por encima de la inflación. Al estar en un año electoral, no hay que descartar que los sueldos terminen aumentando 50 por ciento.

Se necesita una reforma laboral e impositiva que genere riqueza y empleo, de lo contrario la pobreza va a continuar en valores elevados y la Argentina continuará transitando dentro del círculo vicioso en el que se encuentra desde hace décadas.

Presión fiscal y finanzas públicas

El punto de partida fiscal es realmente malo por eso esperar que el déficit primario se reduzca a 4,5%, si bien es importante, deja sabor a poco.

Para aspirar a bajar el volumen de la deuda, deberíamos de tener superávit primario. En términos relativos sí puede bajarse con un crecimiento fuerte del PBI, pero siempre que éste no se produzca por atraso cambiario. Es que en el momento sincerar al valor del dólar, el PBI se desploma y la deuda crece fuerte en términos relativos, hasta la próxima reestructuración de la deuda.

La recaudación creció en mayo por noveno mes consecutivo en términos reales, pero no un gran logro ya que la comparación se hace contra un mes en el que 75% de la economía estuvo en Fase 1.

Luego de las elecciones legislativas de noviembre, el Gobierno cerrará acuerdos con el FMI y el Club de París. Pasos importantes que no alejan la posibilidad de un default a partir de 2029. Con el Fondo se va a refinanciar la deuda a 10 años, con pagos a partir del segundo semestre de 2025.

La deuda de la Argentina es impagable si no hay reformas que permitan bajar el gasto y atesorar dólares. Si el Fondo no se pone firme en la negociación, va a comprar un futuro default y va a dejar un precedente al resto de las naciones, de que pueden encarar renegociaciones de deuda con compromisos light.

Y la deuda es impagable porque a partir de 2025 hay que pagar u$s9.500 millones anuales y u$s13.000 millones a partir de 2028, los que se incrementarían en u$s6.500 millones si se alcanza un buen acuerdo con el FMI (10 años de plazo con 4 de gracia). Ahí sí vamos a comenzar a tener problemas, más cuando incorporamos los vencimientos de los bonos subsoberanos, el resto de los organismos de crédito y la deuda privada, pero hoy tenemos por delante cuatro años con el horizonte despejado.

(*) Consultor en economía, finanzas y estrategia. Presidente de Wise. Asesor de CEO’s y Directores de empresas.

Por

Abrir chat