Por Ricardo Tejerina (*)

La Argentina se encamina a un recambio de líderes políticos, aun cuando los tradicionales se aferran a la continuidad. Las tensiones de una sociedad dividida ya no resiste los liderazgos responsables de la “tragedia nacional”. En Tres de Febrero nuevos actores también tomarán la posta.

El ungimiento de Alberto Fernández en 2019 por parte de Cristina Kirchner ya daba una pista del cambio de época. Con esa jugada, CFK, se anticipaba a la pandemia y ponía “en cuarentena” a la política nacional. La llegada al poder de “un armador” sin votos propios ni territorio, produjo el primer cambio de una transición de hecho. Es cierto que el gobierno de Alberto está signado por la crisis sanitaria y ésta ocupa dos tercios de su escaso tiempo al frente de la rosada, desde que asumiera el pasado 10 de diciembre. También es verdad que sus discretos intentos de diferenciación del kirchnerismo, cayeron ante su mimetización casi obligada para sobrellevar las dificultades (heredadas y creadas) de su gestión. Así como cedió lugares y presupuestos claves de la órbita nacional, el presidente no pudo evitar convalidar cada arremetida de su vice, que no suele tener filtros y que desde el senado o las redes de su
hijo, Máximo, en diputados, marca la cancha, arma el equipo y elige rival (Vicentín, reforma judicial, impuesto a las grandes fortunas, reducción de la coparticipación de CABA, etc.). Como si esto fuera poco, el otrora exitoso jefe de gabinete de Néstor, debe acudir en socorro del gobernador Kicillof por la crisis policial nacionalizando el conflicto y un inefable Eduardo Duhalde todas las semanas se despacha con declaraciones sin fundamentos, pero con alto impacto, profetizando golpes de Estado y señalando como “grogui” al presidente, ante el marasmo que enfrenta (¿contra las cuerdas?). Con un gabinete de vuelo bajo y un tipo de cambio con doble imposición fiscal (30% del impuesto País y 35% de retención a cuenta de Ganancias), Alberto Fernández, gasta en escasos 10 meses buena parte de su crédito político,
mientras el resto se lo está llevando la “no cuarentena” y los números crecientes de infectados y fallecidos (que son la mala noticia cotidiana) junto a la debacle de comercios, cuentapropistas
y sectores de la producción, al ritmo del “siga, siga” de varios intendentes del AMBA que, claramente, boicotean el ASPO. Así las cosas, es difícil avizorar mejores noticias del futuro
para el sufrido presidente de la república, que irá a elecciones de medio término con un país en iguales o peores condiciones que las que dejó Macri, a pesar del innegable acierto que representa el acuerdo por la deuda y cierto control del descontento social, parte por la pandemia, parte por el despliegue territorial del peronismo y las múltiples formas de subsidios estatales.

Y hablando de peronismo y territorio, en Tres de Febrero también se avista un cambio de época. El surgimiento de nuevas referencias locales y el armado de espacios generacionales ligados a figuras con ingente actividad militante y sociocultural, que presentan matices con la estructura formal del partido todavía presidido por Hugo Curto, muestran la fisonomía en proceso del espacio que supo gobernar el distrito por 28 años consecutivos, pero que sistemáticamente ha perdido desde 2013 en adelante. Si la ley de vida se cumple, es decir, asumir que el tiempo de los hijos ya no es el tiempo de los padres, y logran una unidad real que no le facilite a Valenzuela “darla vuelta” como la última vez contra Juan Debandi (ahora mucho más afirmado), el peronismo local tendrá en 2021 una nueva chance en un escenario de oferta electoral ampliada a otras expresiones fuera del bipartidismo PJ y Juntos por el Cambio versión local. Escucha la editorial completa.

*El autor es escritor, licenciado en Gestión del Arte y la Cultura (UNTREF) y ex subsecretario
de Cultura municipal.

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