Un sector cada vez más grande de la juventud trabajadora pasa sin pagar el tren desde que se anunció el tarifazo. En la Ciudad de Buenos Aires, l@s estudiantes convocan a una “saltada masiva de molinetes” para el 1 de marzo. Darle cauce organizado a la protesta, de eso se trata. Por Pablo Solana para ANRed.


La bronca social parece ir por delante de la organización que le dé cause. Sucedió durante el cacerolazo contra el aumento de tarifas que se realizó el martes 20 de febrero en Constitución, la terminal de trenes más grande de la ciudad. La medida de lucha se había debatido en las asambleas barriales de Barracas, La Boca, San Telmo y de la zona sur del Conurbano, junto al activismo sindical del sector. En la planificación no se llegó a decidir la liberación de los molinetes. Sin embargo, la acción espontánea de una parte importante de la juventud que viaja en tren resolvió la cuestión. Con independencia de la protesta, centenares de jóvenes, pibas y pibes laburantes, y también algunas personas adultas, saltaban los molinetes o pasaban por abajo con bastante naturalidad. El personal de seguridad no tiene orden de impedirlo, por ahora. Pero ya pueden verse cerradas las puertas alternativas de paso, trabadas con alambres. Es de esperar que, en algún momento, envíen a la policía a reforzar el control. Cuando eso pase, la espontaneidad individual no bastará.

La progresión del tarifazo anunciado llevará a un incremento del pasaje de 250% en promedio, aunque en algunos casos será mucho más: el subte pasará a costar 757 pesos en junio, cuando en noviembre costaba 80. ¿Cuántas personas se verán forzadas a dejar de viajar, incluso imposibilitadas de mantener algún trabajo o changa, si se respetara el pago de esos valores? El desacato a esas tarifas abusivas será una de las formas de resistencia al ajuste. Acompañar y ser parte organizada de las acciones que promuevan la rebeldía es una tarea básica de la militancia. Una buena forma de legitimar la lucha es hacer de forma organizada lo que el pueblo debe resolver de manera individual.

Lo que se ve cada día en Constitución se repite a distintas escalas en toda la red ferroviaria del Conurbano. Los molinetes en las estaciones locales cuentan con menos seguridad y, salvo que se meta la policía, no suele haber problemas para pasar sin pagar.

Por ahora se trata de hechos no planificados. Sin embargo, de a poco aparecen acciones que amplifican y buscan organizar, para potenciarlos, esos primeros atisbos de resistencia individual.

College con imágenes de Matías Baglietto / Enfoque Rojo

La juventud que sí la ve

En el Subte de la Ciudad de Buenos Aires la situación no es tan sencilla, por eso la organización se vuelve fundamental. La Comisión Estudiantil de Unidxs por la Cultura está impulsando una “saltada masiva de molinetes” para el 1 de marzo, día en que se inicia el ciclo parlamentario y habrá una movilización masiva al Congreso para exigir la derogación del DNU. Reclaman por el aumento de tarifas pero, además, por la implementación de un boleto estudiantil. Hasta el momento están articulando jóvenes de más de 30 instituciones educativas y están corriendo la voz para que se sumen más centros de estudiantes. Acordaron hablar con los y las trabajadoras del Subte para que adhieran a la medida.

En distintas provincias del país las tarifas ya eran caras, pero aun así están recibiendo tarifazos sin control. Es de esperar que el movimiento estudiantil tienda sus redes y las medidas se repliquen en otras ciudades. Aunque no hay subterráneos fuera de Buenos Aires, podrán orientar las protestas a las cabeceras del transporte local.

Otras consecuencias del mega-ajuste en curso están siendo denunciadas a fuerza de cacerolazos y medidas de protesta. Además de las autoconvocatorias de trabajado@s del Estado despedid@s y de los paros en reclamo de aumentos salariales, está convocada una protesta frente a la sede de Swiss Medical “por el aumento salvaje de las cuotas de las prepagas”. Otros cacerolazos se hicieron frente a Edesur semanas atrás. Las asambleas barriales resultan un canal ágil de organización para estas acciones. Allí confluyen vecin@s con ganas de participar y militantes (en la mayoría de los casos de los partidos de izquierda). Los debates a veces no fluyen del todo bien, pero eso no impide que las asambleas canalicen una sana y necesaria voluntad de participación popular.

A diferencia de otros ejes de lucha, el del transporte es bien concreto: allí está el molinete, saltarlo es un ahorro inmediato. Las empresas y el gobierno buscarán evitar esa posibilidad, por lo que algunas situaciones podrán ponerse tensas. Eso pasó en Chile, cuando los y las estudiantes desafiaron las medidas de seguridad y dispusieron el pase masivo y organizado en el transporte sin pagar. La legitimidad de esa protesta detonó la rebelión popular de 2019.

Quienes convocan a la saltada masiva de molinetes para el 1 de marzo lo saben: ilustraron la difusión de la medida en las redes sociales con una foto de la juventud chilena a puro salto.

Imagen: Ema / Enfoque Rojo

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