Patricia Bullrich carraspeó más de una vez, y no pudo disimular su nerviosismo cuando, al presentarse en el plenario de comisiones de la Cámara de Diputados por la ley ómnibus, le pidieron precisiones sobre una supuesta “célula terrorista” que días atrás la ministra de Seguridad presentó como un auténtico logro de su gestión. Sin embargo, ante la insistencia de los legisladores, no tuvo mejor idea, para salir del paso, que aconsejarles: “Pregúntenle a la señora Servini de Cubría, que ordenó las detenciones”.

Se refería a las detenciones de un peluquero argentino, un fabulador y un profesor de tenis de mesa colombiano. Con el arranque del año, Bullrich convocó a una conferencia de prensa para anunciar, con bombos y platillos, en una burda puesta de escena, que se estaba en presencia de una peligrosa pista que encima iba a recibir un paquete sospechoso desde Medio Oriente. Sin embargo, transcurrida más de una semana de ese show mediático, el presunto paquete nunca fue hallado por las autoridades, que creen que, de hecho, nunca existió.

En otras palabras, se trató de una falsedad absoluta que marcó el inicio de la vuelta de Bullrich a la cartera de Seguridad. Y tan grande es el papelón, que hasta el mismísimo diario La Nación hoy se burla de la funcionaria. En una nota firmada por la periodista Paz Rodríguez Niell, el título de la nota sobre el bluff es: ‘La insólita “banda terrorista” de un peluquero, un jugador de pingpong y un supuesto mercenario de la Legión Extranjera’.

Ayer, ante los diputados, la ministra intentó zafar de las preguntas sobre el tema, pero ante la insistencia de los legisladores, volvió a mentir: “La causa está en secreto de sumario, no puedo hablar”, a pesar de que la jueza María Eugenia Capucehtti, quien quedó a cargo del expediente el viernes último, levantó el secreto sobre la causa este martes.

El hecho que al país sólo ingresó una persona de origen sirio-libanés, que vive desde hace años en Colombia, un comerciante de alrededor de 60 años, sin antecedentes y que no figura en ninguna lista de los sospechosos señalados por la CIA o el FBI. ¿Los otros dos detenidos eran también sirio-libaneses? No, falso. Se trata de un peluquero de Avellaneda, al que estaban extorsionando, y otro argentino J.M.L., que se hace llamar El Rubio, y que delira en Instagram alardeando que es un mercenario que actuó en Nigeria enfrentando al grupo insurrecto Boko Haram. Ninguno de los dos, ni el peluquero ni el supuesto mercenario, registran antecedente alguno.

El denunciante fue un miembro de la Gendarmería que, como toda evidencia, informó que un policía amigo, colombiano, le había advertido que venían tres sirio-libaneses a perpetrar un ataque en Argentina contra un blanco israelí. Cuando al gendarme se le preguntó cuál era la fuente, es decir que se le pidió que identifique al policía colombiano, se negó. En realidad, el integrante de la Gendarmería es un funcionario público, está obligado, pero, aun así, se negó.

La poca credibilidad que tenía la denuncia se derrumbó todavía más cuando se supo que el sirio-libanés de Colombia era Chassam Naem, quien es dueño de un local de venta de perfumes en una galería. En su tarjeta de presentación figura que es, además, entrenador de tenis de mesa. El diario El Tiempo de la capital colombiana consultó a los vecinos y, efectivamente, Chassam alquila mesas de ping pong en el club Beer Pong, para organizar entrenamientos.

Los otros dos detenidos son argentinos, no sirio-libaneses. El peluquero de Avellaneda sostiene que lo vienen extorsionando hace meses y que no tiene la menor relación con Chassam. Lo involucró El Rubio, según dice por una pelea que tienen desde hace un tiempo. A él se le adjudica que estaba por recibir una encomienda desde Yemen con explosivos. Según dicen en Comodoro Py no existe tal encomienda: es una foto de un envío que nunca salió de ningún lado.

Por lo tanto, y tal como lo hacía en tiempos de Mauricio Macri, Bullrich hizo una sobreactuación incalificable, armando de la nada una conferencia de prensa y autoadjudicándose una victoria contra el terrorismo, montándose en un insólito show, y perdiendo toda credibilidad ante peligros reales.

Todavía se recuerda el inmenso papelón de Bullrich cuando presentó la detención de dos hermanos de Floresta, Axel y Kevin Abraham Salomón como una gigantesca operación contra Hezbollah. Todo lo que tenían los dos muchachos, muy queridos en el barrio, fue un fusil Mauser heredado de un bisabuelo. El arma no tenía municiones y estaba guardado desde hacía años en un armario. Por supuesto, el juez federal Sebastián Ramos terminó dejándolos en libertad y libres de culpa y cargo.

Ahora, en este nuevo show de Bullrich, con el que inauguró la temporada 2024, terminó involucrando al presidente Javier Milei. Su vocero, Manuel Adorni, usó días atrás su conferencia de prensa de la mañana para felicitar a la ministra. Tal vez fue sólo un gesto más del gobierno para exhibir su alineamiento con Estados Unidos e Israel, pero lo cierto es que terminó felicitando una farsa.

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