Perdida del dominio territorial, falta de políticas publicas de seguridad adecuadas, y corrupción en los diversos sectores de los estados.

erdida del dominio territorial, falta de políticas publicas de seguridad adecuadas, y corrupción en los diversos sectores de los estados, son el común denominador. Esta frase encierra ciertamente la principal causa del desarrollo del narcotráfico y de los negocios narco en algunos de los países de América Latina. Colombia, México, El Salvador en mayor medida, Brasil, Venezuela, Perú, Bolivia y ahora Ecuador en segundo término, vieron como comenzó a florecer “el negocio” narco de la producción de cocaína en alguno de ellos, y la logística, distribución y exportación en todos.

México a lo largo de las décadas tuvo acertadas y equivocadas políticas. Pasó de la creación de multiplicidad de policías comunales (miles) pasibles de ser las más fáciles de caer bajo el poder dinerario del narco criminal, a la puesta en valor de la Policía Federal para una lucha frontal contra los cárteles que se comenzaban a formar a la luz del dinero que les redituaba en cantidades exorbitantes el manejo de la cocaína, a desistir de ella y dar paso a las fuerzas armadas especialmente a la marina, para llevar adelante esa lucha a bala y fuego.

Nada de eso pareció dar buenos resultados, todas las instituciones de la fuerza publica mexicana fueron en distintos porcentajes cooptadas por los carteles, y quedó en claro que la política de “abrazos y no balazos” del presidente Andrés Manuel Lopez Obrador (AMLO) no tuvo resultado esperado. Tan seria resulta la situación, que existiría la posibilidad que Estados Unidos de América declare a esos carteles como organizaciones terroristas. México es de esos países en los que, en diversas zonas de su país, el Estado es el otro. El Narco.

Fotogaleria El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, observa una gráfica durante su conferencia de prensa matutina en Ciudad de México

América da para mas que una serie televisiva y Colombia es ese país dentro de este continente, que estuvo a punto de ser un Estado fallido, un narcoestado. El crecimiento exponencial del desarrollo narco en Colombia que tuvo como sus mas altos exponente al cartel de Medellín con Pablo Escobar y al cartel de Cali, con los hermanos Rodríguez Orejuela, a los que luego se sumaron las FARC, el ELN, otrora guerrilleros de izquierda que se sumaron al negocio de la coca pasando a ser narco guerrilla para sustentar económicamente sus acciones ilegales dentro del país.

Ríos de sangre de narcotraficantes, guerrilleros, policías, militares y civiles inocentes, regaron amplias zonas de ese país a lo largo de estas ultimas cinco décadas. Colombia entendió cuando vio sentado en una banca del senado al mayor capo narco, Pablo Escobar, que estaba a punto de perder el manejo del país. Que el estado debía ser limpiado y lustrado.El mas visible de todos esos cambios fue la tarea que emprendieron en la transformación de su policía nacional hipercorrupta, hasta ese momento donde sicarios policiales ajusticiaban por orden narco a otros policías que los investigaban o les eran contrarios.

Pablo Escobar

Formación y capacitación constante. Horizonte de profesionalización para sus hombres. Crear el sentido de pertenencia a la institución. Servidores públicos y no funcionarios públicos, funcionales a sus propios intereses. El verdadero estado colombiano fue por el camino de entender la Seguridad Publica como una Construcción Social, dando participación dentro de la misma como parte importante a la Educación, la cultura, la salud, el trabajo e inclusive la religión.

Hubo que desplazar al narco sector por sector, y llevarle a la ciudadanía el estado que no habían tenido por años. Medellín es claro ejemplo. Luego de años de trabajo cierto y continuo, Un proceso exitoso del que tuve la suerte de aprender y participar. Medellín con 2,5 millones de habitantes con su área metropolitana, tiene hoy 12 homicidios cada 100 mil personas. Nuestra Rosario en Argentina tiene 24 homicidios cada 100 mil personas. Rosario hoy, gracias a los ojos bien cerrados, a la desidia, a la falta de coraje e inteligencia, y a supuesta complicidad de sectores de la justicia, la policía y la política, está en un camino de ser ciudad espejo de Medellín de hace muchos años atrás.

Las redes hoy nos devuelven desde Centroamérica la imagen de un hombre joven, presidente exitoso, que con mucho coraje escuchó a la población con miedo de seguir viviendo como lo hacían, sometidos a los designios de pandillas urbanas y suburbanas a las que denominaban “Maras”.Dos periodos como alcalde de dos ciudades diferentes lo pusieron ágil y avezado al presidente Nayib Bukele, para saber que hacer cuando asumiera la presidencia que recién acaba de volver a renovar con casi el 90 % de los votos. Aceptación formidable.

Las Maras y sus miles de integrantes amedrentaban con el secuestro y extorsión, seguidas de muerte, a la población. A decir de su ministro de seguridad y justicia Gustavo Villatoro, con el cual tuve la suerte de entrevistarme, “había que tomar la decisión política de ir por un estado de excepción y proceder a la detención de cuanto marero hubiese en el país, ponerlos a disposición de la justicia y sostener a como dé lugar esa decisión”.

Lo que hizo, lo mostro al mundo. Fotografías mediante y con discursos en video a su población y a sus fuerzas militares y policiales, marcó el camino de lo que hay que hacer al confinar fuertemente a los delincuentes peligrosos, acción de la que hoy están enamorados muchos funcionarios con responsabilidad en la seguridad publica en el mundo.

* Especialista en Seguridad Pública. Analista en Inteligencia Delictual y lucha contra el Narcotráfico.

por Jorge Luis Vidal*

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