Tras el rechazo a la Ley ómnibus, concretó el despido de funcionarios ligados al peronismo y redobló la apuesta a una agenda reformista en soledad política

Por Fernando Gutiérrez

La semana de furia tuitera de Javier Milei tuvo el final que muchos sospechaban: una purga de funcionarios -de la cual probablemente se esté viendo apenas el inicio-, un agravamiento en el enfrentamiento con la oposición y un corte de relación, de muy difícil vuelta atrás, con los gobernadores provinciales.

Con un tuit extenso en el que repasa sus dichos de los últimos días, el presidente hizo en la tarde del viernes una especie de manifiesto de principios titulado “Cambio de reglas”, en el que manifiesta su negativa total a entrar en negociaciones.

“No vinimos acá a seguir jugando el mismo juego empobrecedor de los políticos de siempre. No vinimos acá a hacer pactos espurios en contra de los intereses de los argentinos. Y no vamos a ser cómplices del juego de los mismos parásitos de siempre que viven a costa de los argentinos”, planteó Milei.

También reiteró que, en realidad, al enviar su proyecto de ley ómnibus él ya sabía lo que ocurriría, pero que de todas formas quiso dejar expuestos los intereses de “la casta”.

Y, yendo más lejos todavía, acusó -sin mencionarlos pero con alusiones evidentes- a los gobernadores provinciales que lideraron el rechazo a la ley, por estar en una presunta connivencia con lobbies que reciben prebendas estatales.

“No vamos a ser cómplices de los negocios de algunos con la industria pesquera, con el Señor del tabaco, con las empresas petroleras o con cualquiera de los otros intereses especiales que hacen lobby y ‘persuaden’ políticos para defender sus intereses”, escribió el presidente.

Puentes cortados

Con semejante nivel de acusación, ya no parece posible que se retome el diálogo para tratar de rescatar algo de la agenda reformista que había planteado Milei. Es todo una definición política, porque la realidad es que, desde la oposición dialoguista había gestiones para superar el impasse.

Por caso, el diputado Ricardo López Murphy, anunció que presentará, la semana próxima, un proyecto de ley propio, que sería apoyado por todo su bloque, en el que se replica, con cambios menores, el capítulo fiscal que había retirado Toto Caputo.

Ese proyecto implicaba la reinstauración del impuesto a las Ganancias, la reforma de la fórmula indexatoria de jubilaciones y la aprobación de todo el capítulo laboral del DNU que quedó suspendido por la justicia del fuero laboral. El único cambio respecto del proyecto original es la eliminación de las retenciones a la exportación.

López Murphy forma parte del bloque Hacemos Coalición Federal, integrado por figuras como Miguel Pichetto, Emilio Monzó, Florencio Randazzo, Margarita Stolbizer, Paula Oliveto y varios ligados al peronismo cordobesista que lideran Juan Schiaretti y Martín Llaryora.

Es decir, si todo ese bloque da su apoyo, y además se descuenta que también votarían los diputados del PRO, entonces Milei no tendría inconvenientes para hacer aprobar la parte que formaba el verdadero núcleo duro de la ley ómnibus y la que le daba las herramientas para sanear las cuentas fiscales.

Pero, a esta altura, Milei ya parece estar no solamente resignado a que la ley no sea reflotada, sino que hasta da señales de sentirse cómodo en esa situación.

Después de su tuit, pasó de las palabras a los hechos y despidió públicamente a dos funcionarios ligados al peronismo: Osvaldo Giordano, director de la Anses, y Flavia Royón, secretaria de Minería.

Giordano está vinculado al peronismo cordobés y fue ministro de finanzas de la gestión de Schiaretti, además de ser un economista de confianza de Domingo Cavallo. A Giordano no se le reprochan errores en la gestión, sino básicamente el hecho de que su esposa, la diputada Alejandra Torres, votó en contra de la ley ómnibus.

Giordano, de Anses, y Flavia Royón, de Minería, las primeras víctimas de la purga política de Milei

Osvaldo Giordano, de Anses, y Flavia Royón, de Minería, las primeras víctimas de la purga política de Milei

De manera que, al echar a Giordano, el presidente le pega directamente al peronismo cordobés y deja un castigo ejemplarizante para el resto del arco político.

Lo mismo puede afirmarse de Royón, la ex secretaria de energía de Sergio Massa, que responde políticamente al gobernador salteño Gustavo Sáenz.

Todo indica que la purga de “traidores” está llamada a continuar. Milei también se hizo eco de los pedidos para que la diputada Carolina Píparo renuncie a su banca, por haber votado en contra del proyecto.

Milei en el espejo de Cristina Kirchner

¿Cuál es la intención política del presidente? Los analistas perciben el inicio de lo que podría llamarse la “fase populista” de su gestión, en la que se basa en su carisma personal y la legitimidad del resultado electoral para entrar en una confrontación permanente con los otros poderes de la república y con la oposición en general. En otras palabras, una nueva “grieta” en clave libertaria.

De hecho, empiezan a escucharse voces de alerta sobre un posible giro autoritario y surgen dudas sobre qué tipo de mensaje llevará Milei al Congreso el 1° de marzo, cuando deba inaugurar el período legislativo anual.

Curiosamente, el comportamiento de Milei está generando comparaciones con el estilo de Cristina Kirchner, quien forjó su mística militante justamente después de una gran derrota en el Congreso al inicio de su gestión: la recordada pelea contra los productores sojeros por la resolución 125 que establecía retenciones móviles a la exportación.

La noche de la derrota, el senador encargado de defender la postura kirchnerista fue Miguel Pichetto, quien comparó al vicepresidente Julio Cobos con Judas, por no acompañar a la presidenta. El célebre voto “no positivo” cambió el panorama político argentino. Y aunque el vicepresidente se mantuvo en su cargo hasta el final, sufrió el embate constante para renunciar, dado que, desde la óptica del kirchnerismo, debía mantener lealtad a Cristina como forma de honrar la voluntad del electorado.

En definitiva, un tipo de razonamiento totalmente en línea con el que hoy está expresando Milei, al pedirles la renuncia a diputados que no se alinean con su estrategia.

La historia del kirchnerismo puede, acaso, arrojar luz sobre lo que Milei cree que vendrá en los próximos meses. Hasta la crisis de la 125, el kirchnerismo no tenía una militancia genuina y debía recurrir a la capacidad de movilización de Hugo Moyano cada vez que querían mostrar apoyo popular. Pero a partir de esa derrota política se gestó el “relato” que definiría todo su estilo de gobierno: la victimización ante la acción de “traidores” y de fuerzas sociales que se negaban al cambio; la definición de un “ellos versus nosotros” que justificaba cada acción de gobierno.

Lo cierto es que Milei, calificando de traidores a gobernadores y diputados que no acompañaron su proyecto, y llegando al extremo del “escrache” de esos legisladores en las redes sociales merecería el elogio de los teóricos de esa estrategia de la confrontación, como Ernesto Laclau, que durante años inspiró la estrategia de Cristina.

El ministro Luis Caputo argumentó que el objetivo del equilibrio fiscal no dependía de la ley ómnibus y logró, de momento, persuadir al mercado cambiario

El ministro Luis Caputo argumentó que el objetivo del equilibrio fiscal no dependía de la ley ómnibus y logró, de momento, persuadir al mercado cambiario

La apuesta al prestigio internacional

Naturalmente, para que un presidente en la situación de Milei redoble la apuesta y desafíe al resto del sistema, tiene que tener alguna seguridad respecto de su capacidad de supervivencia en la gestión. Y en este caso, lo que el presidente siente es que el programa económico está dando resultado y que, además, conseguirá el respaldo internacional.

Quien ha argumentado ese punto es el ministro de Economía, Luis Caputo, quien afirma que “no hay que dramatizar” la caída de la ley ómnibus y que, en realidad, el objetivo del equilibrio fiscal nunca dependió de la aprobación de ese proyecto.

Su planteo es que los recursos fiscales que se perdieron -es decir, el impuesto a las Ganancias, la moratoria, el blanqueo y la reforma en Bienes Personales, así como la suba de retenciones, pueden perfectamente ser compensados con otras medidas. Los cálculos indican que esas medidas dejarían aproximadamente 1,8% del PBI en las arcas fiscales.

Pero Caputo afirma que ya tenía “un plan B”, y que gracias a la eliminación de las transferencias discrecionales a las provincias, a la eliminación de subsidios y a la suba de otros impuestos como el de los combustibles, logrará el objetivo fiscal al que se comprometió con el Fondo Monetario Internacional.

Además, hay optimismo respecto de la acumulación de reservas en el Banco Central gracias a la buena cosecha del campo.

Y, tras haber pasado “la aspiradora de pesos” con la emisión de bonos, Caputo cree que la inflación bajará mucho más rápido de lo que pronosticaron los economistas. Más concretamente, que el IPC de enero rondará el 20% y que en abril se podría volver a un dígito.

Mientras tanto, Milei contrapone lo que él siente como incomprensión de la clase política argentina con el lugar protagónico que se le está dando en el plano internacional. Tras el discurso en Davos su figura generó curiosidad, al punto que grandes líderes de orientación liberal manifestaron su deseo de conocerlo.

El próximo encuentro relevante será con la italiana Giorgia Meloni, y no se descarta que antes de fin de mes viaje a Estados Unidos para reunirse con Donald Trump en un evento de partidos de tendencia liberal.

Además, hace gala de su relación fluida con inversores y empresarios de la talla de Elon Musk o de Larry Fink, líder del fondo BlackRock.

Sin embargo, puede haber ahí un error de cálculo. Después de todo, hay también un antecedente cercano elocuente: Mauricio Macri había tenido una gran receptividad por parte del establishment financiero global, y eso no lo salvó de la crisis política cuando la caja fiscal se deterioró, los dólares escasearon y el descontento social escaló.

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