A un reportero le rompen su herramienta de trabajo. Otro recibe un perdigón en la pera. A un tercero le duele respirar durante días porque le metieron a quemarropas dos balas de goma por la espalda. Miradas que el gobierno de Milei pretende cercenar. ¿Adónde van a apuntar la próxima vez? La lista de manifestantes y trabajadores de prensa que recibieron tiros, gases y palos por reclamar o hacer su trabajo aumenta de semana en semana. Mirar de frente parece estar vedado. La represión estatal no es orden, sino imposición. El gobierno vuelve a demostrar que la población no es de su interés. Y trabaja contra ella. La identificación de los efectivos que vienen cometiendo apremios ilegales se opaca. Los militares también gozaron de extrema impunidad, pero las tensiones se modifican y los tiempos cambian. Es inexorable: los que hoy repriman van a obtener sus penas. No es una amenaza, es un recordatorio.  

 Por Andrés Manrique (ANRed)

El pasado miércoles 10 de abril, bajo la consigna de «El hambre no espera» más de 4000 manifestantes se concentraron para reclamar el desabastecimiento de los comedores populares y la baja de beneficiarios del plan Potenciar Trabajo que el gobierno viene ejecutando desde que asumió. Las organizaciones ocuparon las calles alrededor del ex Ministerio de Desarrollo Social en el centro de la Ciudad de Buenos Aires. Desde las 9.30 de la mañana comenzaron a llegar de a pequeños grupos. Y pasadas las 11.00 la concentración ya superaba la superficie de plazoletas, plazas y veredas. Durante más de una hora se sucedieron cánticos. Las 6 vías de la avenida 9 de julio quedaron ocupadas por la multitud. En principio, ante la ausencia de personal policial y de tránsito, los manifestantes en calma guiaron a automovilistas para liberar toda la zona de vehículos. La movilización tenía el firme y pacífico propósito de entrar en diálogo con la Ministra de Capital Humano, Sandra Pettovello, y con Pablo de la Torre, secretario de Niñez, Adolescencia y Familia. Ningún funcionario los atendió. Volvieron a darle la espalda a las personas y, por defecto, a sus obligaciones como funcionarios públicos.

Efectivos de la policía se apostaron sobre el cordón, entre Belgrano y Adolfo Alsina, pero las más de 4000 personas se derramaron una cuadra más adelante y bajaron a la calle, para avanzar en dirección al Ministerio de Capital Humano. Los manifestantes cortaron la traza. Minutos después, la infantería de la Ciudad, un carro hidrante y el escuadrón motorizado avanzó a los golpes, gatillando gases y escopetas cargadas con balas de goma. Avanzaron sobre calles y plazoletas, por arriba de las veredas. Y a los tiros, a palazo limpio prepoteó la infantería, la Prefectura Nacional y el cuerpo motorizado, cazando a manifestantes de manera intempestiva.

La sangre de compañeros en las calles de la ciudad nos subleva. Y las pérdidas de herramientas de trabajo, también. Pero sabemos que por cada equipo roto nace una nueva unión de fotógrafxs. Y que por cada herida provocada debido a abusos y apremios ilegales de las fuerzas, diez personas se convierten en reporteros gráficos. No tenemos miedo ni nos van a callar. Somos muchísimos más y tenemos fuerzas, herramientas y objetivos sociales inclaudicables.

Las armas de guerra en manos de las fuerzas de seguridad y los dedos listos sobre gatillos son toda la respuesta que está dando este gobierno a reclamos y manifestaciones pacíficas de sectores de la población, organizados por trabajadores y trabajadoras de todos los ámbitos. Waldo Wolff, Ministro de Seguridad de la Ciudad, describió a la manifestación como «corte intempestivo con un grupo de gente que habitualmente venía manifestándose frente al ex Ministerio de Desarrollo Social…», ratificando lo que en su momento fue conocido como la doctrina Chocobar, en referencia al apellido del oficial que, fuera de servicio y también de jurisdicción, le disparó cuatro veces a un joven por la espalda. Corría el 2017 y Pablo Kucac tenía 18 años. Un tiro le destruyó el fémur de la pierna derecha y el otro le pegó en el bajo abdomen. El caso es paradigmático, porque después de 5 días de internación, el joven murió en el hospital. En un acto organizado en Casa de Gobierno, Luis Chocobar fue condecorado por Patricia Bullrich (entonces Ministra de seguridad) y Mauricio Macri (entonces Presidente de la Nación).

En la actualidad, la Ministra de Seguridad esgrimió su nuevo protocolo pocos días después de asumir funciones, y el gobierno la abrazó y aplaude cada vez que puede, tanto como buena parte de la población. Los políticos son los responsables directos de los heridos y los enfrentamientos en las calles. Detrás de cada policía está el aval político.

Pero el efectivo que se baja de la moto para pisar al hombre en el suelo que ya fue reducido, que ya está atado de manos, que lo mantienen con la cara contra el asfalto y bajo control de dos efectivos, además de ser un cobarde, está cometiendo un ilícito con la carátula judicial de apremio ilegal.

En el momento en que avanza la policía, las personas se dispersan. Algunos resisten más, otros son cazados. El trabajo de la prensa es registrar los hechos. Y esto implica ocupar posiciones que nos habiliten observar aquello que el poder prefiere mantener oculto; el modo en que sus fuerzas violentan la calle. Por eso la prensa recibe palos, gases y tiros. El caso de Antonio Becerra (ANRed), el de Diego Ricciardi, de Crónica, de Mariano Cabrera, de La Nación+ y de Antu Divito Trejo (La Retaguradia), entre otros, engrosan la ya nutrida lista de reporteros heridos desde el comienzo de esta gestión.

¿Contamos con la suerte de una puntería defectuosa o con el infinito tamaño de su cobardía?

El saldo de heridos que dejan es numeroso. El dolor que provoca la violencia institucional y política es inconmensurable. Mientras estos atropellos se suman a la larguísima lista de injusticias, el hambre sigue a la espera de respuestas. No es falta de dinero, es manejo discrecional de los recursos. Los aviones de guerra y el flirteo con Estado Unidos e Israel le salen muy caro al pueblo argentino.

Recibimos aportes para la renovación del equipo del compañero. Si podés, aunque no sea mucho, todo sirve. Las colaboraciones serán anónimas. 

Aquí dejamos el CBU: 0440053040000248921330 (Banco Hipotecario).

Fotos: @manriqueandu

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