Por Cristina Civale

Encogida, porque posee menos superficie que en las últimas ediciones; con bolsillos diezmados y ventas que, desde todos los stands, denuncian que bajaron entre un 30% y un 40%; con libros que ascienden a un valor promedio de 25.000 pesos y entradas de 3.500 o 5.000 pesos, según el día de la semana en que se la visite; y con Lisboa como ciudad invitada, así se presenta la 48º edición de la Feria del Libro de Buenos Aires. 
Pero eso no es todo. También cabe mencionar el viralizado discurso de apertura del presidente de la Fundación El libro, organizadora del evento, Alejandro Vaccaro, que no le dio precisamente la bienvenida al presidente. Mientras se espera que el domingo 12 Javier Milei presente su libro Capitalismo, socialismo y la trampa neoclásica en el predio de la Rural, Vaccaro le devolvió como un búmeran su latiguillo de «no hay plata» y le informó que la Feria no podrá hacerse cargo de los gastos derivados de su visita. 
Y a lo anterior se sumaron las precisas palabras de Liliana Heker, la encargada de brindar el discurso inaugural. Desde su adolescencia y con la revista El escarabajo de oro, la escritora se había plantado frente a todas las dictaduras. Pero estamos en democracia, con un Gobierno elegido por una mayoría arrolladora, que pretende cerrar, casi literalmente, la cultura. Negar la posibilidad de lectura, parafraseando a Heker, es negar la posibilidad no solo de leer sino de pensar. El libro, expresó la autora, es «un justo representante de todo lo que hoy es atacado en el campo de la cultura».
Pareciera que esta consigna sobrevuela como un mantra todos los rincones de la Feria. Ese mismo día de apertura, editorial Marea celebraba en su stand 20 años de vida. Entre otros títulos, en su catálogo se encuentran libros que narran y defienden la lucha de Madres, Abuelas e Hijos. Y según cuenta a Acción su creadora Constanza Brunet, por esta razón semanas atrás fue blanco de trols en la red X que no ahorraron amenazas de todo tipo, incluso de muerte.
La comunidad literaria y de la cultura en general se aunó en su defensa, y algo similar ocurre ahora mismo en la Feria del Libro que se convierte, sin un plan trazado, en un espontáneo polo de resistencia ante el avance sobre distintas áreas de la cultura planteado desde el Gobierno nacional.

Actitud combativa
Los pasillos lo gritan y también los stands y las diversas charlas. El viernes 26 se presentó un falso Ministerio del Libro y, cuando lanzaron la invitación por las redes hasta el propio Milei lo desmintió, demostrando no entender el sentido paródico de la jugada.  «¡Vivan los libros, carajo!», es su grito de guerra. El stand 1321 del Pabellón Verde ocupado por Tipea y Todo libro es político, dos conglomerados de asentadas editoriales autogestivas, se vistió de gala para presentar el ministerio fake. El objetivo: marcar la ausencia este año de un stand de la Secretaría de Cultura de la Nación. Y también parodiar al vocero presidencial, interpretado por un actor que en esta performance se llamó Manuel Adormir, que vino a anunciar que el ministerio, entre otras medidas, alentaría los préstamos irrestrictos de libros a cuyos receptores no se les exigiría devolución. Fue otro puñetazo en clave paródica contra las políticas actuales.

Stands y visitantes. Este año la Feria luce encogida, con ventas que bajaron entre un 30% y un 40%.

Foto: Jorge Aloy

Sobreviven como zonas de resistencia el stand Orgullo y prejuicio, defensor de las diversidades de género que el Gobierno actual quiere tachar con sus políticas de vaciamiento del Inadi y con la quita de derechos al colectivo trans. Allí se presentó la serie Ella, un homenaje a la vida de la primera mujer trans de la farándula, Cris Miró, basado en la biografía Hembra de Carlos Sanzol. Y el sábado llegó Estilos de la carne, el libro de fotografías de Sebastián Freire, fotógrafo faro del suplemento de las diversidades Soy, de Página/12
En el exterior de la entrada que da a Sarmiento se intenta descomprimir un poco esta actitud combativa que se recorre los pabellones como un fantasma juguetón y molesto: allí se venden hamburguesas de búfalo (sí, según dicen se trata de animales criados en Catamarca) a 9.000 pesos la doble completa; se escucha la radio Blender, líder de streaming, que se une al colectivo El Mamut para brindar un maratón de poesía y perreo; o se puede visitar el vagón interactivo de un tranvía como los de Lisboa, donde señoritas no portuguesas muestran las belleza de la ciudad invitada con un afán más turístico que literario.
Dentro del predio, el stand de Lisboa sí tiene una programación que suena como un fado relajante ante tanta realidad cruel y salvaje. Claudia Piñeiro dialogará con el escritor Francisco José Viegas sobre la novela policial como el género literario por excelencia en la búsqueda de la verdad; Yara Nakahanda Monteiro y Ana Wajszcuk conversarán acerca de los modelos de expresión artística y los autores que admiran; y Martín Kohan y Bruno Vieira Amaral indagarán el terreno común del fútbol y la literatura, entre otras charlas. 
En el stand de la distribuidora Riverside Agency, el empleado le cuenta a Acción que si «la gente antes llevaba cinco libros, ahora con suerte lleva uno. El valor de la entrada es desmesurado, las promociones bancarias bajaron y los descuentos importantes comienzan a partir de una compra de 50.000 pesos».  Las verdaderas gangas se encuentran en los stands de las históricas librerías de la avenida Corrientes, que venden saldos y remanentes a 2 x 10.000. Hay que buscar entre descartes y, con suerte, se da con un Kafka o un Shakespeare o una novedad bien traducida y maquetada. 
La Feria continúa hasta el 13 de mayo y a último momento se decidió, dada la baja afluencia de público, liberar la entrada todos los días de 20 a 22. Se tomó la decisión luego de que el sábado 27, cuando a las 20 se abrieron las puertas de manera gratuita, la gente no dudó en hacer tres cuadras de cola. Los porteños leen, gustan de los libros y, como comentó un visitante de mediana edad, «aunque no pueda comprarlos por lo menos vengo a mirarlos».

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