Sin prensa ni fondos para medidas grandilocuentes te contamos en qué consiste la estrategia de la gobernadora de la Provincia de Buenos Aires de cara a las elecciones generales.

Mientras Carolina Stanley y unas 300 dirigentes de todo el país se reunían el viernes último en el Encuentro de Mujeres PRO de Parque Norte, María Eugenia Vidal caminaba por San Pedro. Con un look sobrio (camisa azul, suéter bordó y campera negra) la gobernadora que hasta hace 15 días era la dirigente con mejor imagen del país y la gran joya del oficialismo, recorrió una escuela en construcción, habló con un mecánico, visitó la casa de una vecina y pateó las calles del municipio que gobierna Cecilio Salazar (perdió por 104 votos contra el Frente de Todos), al noreste de la provincia de Buenos Aires, sobre el río Paraná. Fue su primera salida al territorio después del desolador fracaso en las PASO y la hizo prácticamente en silencio. Como en 2015. Para volver a las bases y despegarse del caos nacional.

“Había estado mucho en el Conurbano y sentí que ya era tiempo de volver a recorrer el interior”, explicó Vidal a los periodistas de San Pedro que la persiguieron para lograr una declaración. Después, se separó del discurso enojado del Macri sin dormir que culpó a los votantes de Alberto Fernández por el descalabro económico: “La gente no se equivoca cuando vota, somos los dirigentes los que tenemos que reflexionar si no somos votados”.

Callada y sin fondos

“María Eugenia va a empezar a caminar de nuevo la provincia, con algunas visitas programadas y otras de sorpresa, como el miércoles pasado, que después de reunirse con los candidatos ‘sin tierra’ fue al Hospital de Niños de La Plata, sin avisar”, cuentan a Border desde el equipo de campaña bonaerense.

Por ahora, anticipan que no hay notas programadas en los medios, ni grandes actos. Tampoco anuncios grandilocuentes, como había anticipado Vidal el lunes 12 de agosto cuando habló por última vez (y por primera después de la derrota).

Lo hizo desde la Casa de Gobierno en La Plata, junto a su vice, el radical Daniel Salvador, al que pocas veces sienta a su lado para dar anuncios o conferencias de prensa. Lucía sin maquillaje, cansada por la larga noche anterior, cuando abandonó en silencio el búnker PRO de Costa Salguero azotada por el resultado general y el suyo en particular: 17 puntos porcentuales por debajo de Axel Kicillof. Un diferencia inesperada. Ni siquiera imaginada en sus peores pesadillas.

Ese lunes, el verbo que más veces conjugó Vidal fue “escuchar”. “Vamos a seguir escuchando en este camino que nos queda por recorrer”. “Tenemos que escuchar más”. “La escucha es muy importante”. La estrategia estaba planteada: correrse de la escena, dejar de hablar y volver a golpear las puertas de los vecinos de la provincia, como hizo en 2015, cuando fue la figura revelación de la elección.

Pero ese día, también hizo un anuncio que no pudo cumplir. «Vamos a reforzar la presencia del gobierno de la provincia y el trabajo que tenemos con todos los municipios y movimientos sociales. Apoyar a todas la familias que tienen dificultades para llegar a fin de mes debido a la devaluación del día de hoy. Las medidas las vamos a anunciar en los próximos días», lanzó en el capítulo en el que habló de la devaluación de esa misma jornada.

Según dejaron trascender entonces algunos funcionarios en off, las medidas contemplaban subas en los planes sociales y ayudas impositivas para las pymes. En eso trabajaban los ministros de Desarrollo Social, Santiago López Medrano, y de Economía, Hernán Lacunza, junto a los titulares del Banco Provincia, Juan Curutchet y de la agencia de recaudación ARBA, Gastón Fossati. Pero los planes quedaron suspendidos tres días después, luego de un anuncio de Mauricio Macri, envuelto en su propia gran crisis: la quita del IVA a los productos de la canasta básica.

La medida, que afectó a todas las provincias (13 gobernadores llevaron el reclamo a la Justicia), sepultó el paquete de medidas de Vidal. Por ahora, sólo pudo anunciar tímidamente una suba del 45% de las jubilaciones mínimas, que quedaron en $10.400.

Al golpe a la caja bonaerense (que no tuvo ninguna reacción pública de la Gobernadora), se sumó la salida de Lacunza, uno de los ministros clave del Gabinete que coordina la mano derecha de Vidal, Federico Salvai (también jefe de campaña), esposo de Stanley.

El martes 20, después de varias reuniones de la mesa chica PRO de las que participó una Vidal más enojada de lo habitual, Lacunza juró como ministro de Hacienda en reemplazo de Nicolás Dujovne. Y dejó un hueco sensible en la Provincia, que ocupó Damián Bonari, el segundo de Lacunza.

Con los suyos

Durante esos días de descontrol absoluto en los mercados, venta de millones de reservas para controlar las subas del dólar y rumores continuos sobre las peleas internas (sobre todo con Marcos Peña, con quien Vidal tiene una “relación de rispideces momentáneas”, según un alto funcionario que conoce de cerca a la Gobernadora), “Mariu” siguió callada. Fue a sus sesiones de terapia, como lo hace desde hace más de 13 años. Y organizó dos grandes reuniones de arenga.

Una fue en la República de los Niños de Gonnet, junto a intendentes y candidatos de Juntos por el Cambio en la provincia, donde la alianza de Gobierno podría perder unas 30 intendencias si los resultados de las PASO se mantienen en octubre. El espacio de “catarsis”, según lo definició un colaborador de Vidal, sirvió para cargar las pilas y descargar tensiones, enojos y reproches. Uno de esos temas, aunque nadie lo dijo abiertamente, fue la negativa de Macri-Peña-Durán Barba de adelantar las elecciones en la Provincia.

“Había una convicción muy fuerte de que era bueno desdoblar”, sostenían allá por enero/febrero en La Plata. Creían que así Vidal lograba despegarse de la mala imagen del Presidente, tenía más posibilidades de darle pelea a Kicillof. Lo mismo le pasaba a los intendentes, los más interesados en desentenderse de la gestión de la Casa Rosada. Pero el plan fue dado de baja. Y la espina volvió a aparecer para muchos después de las PASO.

La otra gran reunión de arenga (aunque las fotos enviadas por la prensa oficial mostraron caras largas) fue en la Casa de Gobierno, para el Gabinete ampliado: ministros, secretarios, subsecretarios y otros funcionarios de rangos bajos. “Puedo atravesar otra derrota, otra victoria, puedo empezar de nuevo el 10 de diciembre, pero hay algo que no puedo, y no me voy a aceptar de mí misma y no se los voy a aceptar a ustedes, y es darme por vencida», dicen que dijo Vidal ante ese auditorio.

Aunque la estrategia de comunicación de campaña nacional aún no está definida (en el búnker PRO de Balcarce 412 dicen que se establecerá “en las próximas semanas), Vidal ya puso en práctica su plan para llegar con la frente en alto a octubre. Por ahora, consiste en escuchar más y hablar menos. O nada.

Ella, que fue “Heidi” y “La leona”, que hizo de sus timbreos y visitas casa por casa y municipio por municipio una escuela, hoy enfrenta a un dirigente que le copió la técnica y la dejó casi noqueada. Todavía tiene tiempo para levantarse, y dice haberlo hecho, pero la pelea parece definida.

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