En Villa Bosch vive Omar Abuhid, el vecino solidario al que todos conocen como “El Turkito de la gente”, gracias al nombre de su Facebook.

Cuando tenía 12 años, a su mamá le diagnosticaron cáncer y desde ese momento, supo encontrar la forma de superar su dolor y transformarlo en ayuda para los demás. Hoy con 39 años, continúa haciéndolo.

Su inspiración y motor es Ana María Marsuzi, su mamá, a quien define como “una gran guerrera”. Por ella comenzó la movida solidaria que no pretende abandonar.

Omar se encarga de gestionar pedidos de pacientes. Así, se las rebusca para conseguir sillas de ruedas, camas ortopédicas, trípodes y medicamentos, muchas veces para tratamientos oncológicos. Además, compra alimentos y los dona para aquellos que lo necesitan.

“Una señora de la zona se quemó el cuerpo y se negó a ir al hospital, así que me acerqué hasta la casa y le dejé gasas y cremas para que se curara”, cuenta el vecino Omar poniendo ese caso como ejemplo.

“Yo veo que mucha gente sufre y no quiero que eso pase”, señala y agrega: “A mí no me cuesta ayudar, al contrario. Tampoco me sobra la plata, pero prefiero destinar lo que tengo en medicamentos para personas que lo necesitan, en vez de comprar cosas para mí como un teléfono o darme algún lujo. Puedo vivir perfectamente sin todo eso”.

“El Turkito” recibe donaciones en su casa todos los días, de 9 de la mañana hasta las 17, cuando sale casa por casa para hacer entrega de lo que los pacientes necesitan. “El timbre no para de sonar. Muchas veces va mi hijo mayor, Mirko, que es lo más grande que hay y ya sabe cómo atender a la gente que viene con sus órdenes”, narra Omar.

Su celular no para de sonar. Cada mañana recibe mensajes de vecinos de Tres de Febrero, Moreno, Jose C. Paz, Hurlingham o San Martín solicitando su colaboración. “Me cuentan su problema, me envían una foto de la orden y me dicen ‘ayudame por favor’”, relata Omar.

Así, reconoce que muchas personas lo tildan de “loco” porque no para de ofrecer su ayuda. “Mi mujer me dice ‘basta Omar, basta’ pero no puedo hacerlo sabiendo que alguien está sufriendo”, recalca.


Es idolatrado por vecinos del lugar que hasta se han tatuado en su honor y agradecimiento. “Es una locura”, dice al respecto. Sin embargo, sostiene que “sin la gente que dona nada sería posible”.



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