El pueblo argentino acaba de recibir un baldazo de agua helada. El programa económico del Gobierno de Milei demuestra que estamos frente a la consagración del saqueo económico y material de nuestro país que recuerda las políticas de ajuste del Rodrigazo en 1975, antesala de la última dictadura cívico-militar-empresarial y las privatizaciones neoliberales de los 90′. El Sistema Financiero y las Bolsas celebran y se llevan enormes ganancias mientras el pueblo empobrecido se prepara para los próximos recortes sobre el mercado interno. Los proyectos mineros parados por la movilización popular afilan los dientes. El Sistema Energético y Minero promovidos desde Estados Unidos y desde España en el centro del modelo que se viene en toda la región, azotada por la violencia, los golpes de Estado y las recesiones económicas. Por Lucía Fernández, para ANRed.


El extractivismo no conoce grieta ni distingue progresismo de ultraderecha, pero avanza según el humor social, los consensos, la capacidad de movilización de las resistencias y la fuerza represiva que el Estado es capaz de ejecutar sin perder la gobernabilidad, es decir, en la medida en que logre que no se le pudra todo.

La larga crisis que soporta el pueblo trabajador argentino lleva ya casi 10 años consecutivos, pero no es propia sólo de la tragedia política argentina. Los mercados internacionales vienen extrayendo riquezas financieras y naturales a una velocidad mayor que en los primeros 10 años del Siglo XXI en toda Latinoamérica. Una vez construidos los consensos y las infraestructuras durante la primera década del siglo para hacer viable la epxlotación y el transporte de las materias primas desde los recónditos territorios extractivos hacia los puertos, el mercado (y el territorio) quedó preparado para iniciar un proceso de saqueo limpio sin más compensaciones hacia el mercado interno ni las demandas desde las poblaciones afectadas, a las cuales se les ha respondido con una represión estatal o para-estatal exacerbada.

La estrategia es la misma en todo el Sur Global: los organismos internacionales conceden créditos imposibles de devolver con la garantía de que frente a los impagos éstos se devuelvan en recursos estratégicos: petróleo, gas, cobre, litio, oro o cualquier recurso financiarizable demandado por el sector productivo global en permanente transformación. La dependencia hacia las inversiones extranjeras renueva las dependencias y, llegado el momento en que les resulta más provechoso y posible, el mercado y sus instituciones internacionales presionan para que se ejecute la entrega. Eduardo Basualdo describre cómo ha funcionado esta mecánica del saqueo en Endeudar y Fugar[1].

El Norte Global (Estados Unidos y Europa Occidental) renuevan sus tasas de ganancia y abren procesos de acumulación (por desposeción, como dice David Harvey[2]) para realizar grandes reformas en sus sistemas productivos y de inversión extranjera. Después de la Crisis de 2008, el Green New Deal se consagró como la salida a la crisis y desde entonces el Sector Energético no ha parado de recibir estímulos para su ampliación. Aunque se promueva como la respuesta Socio-Ecológica frente al Cambio Climático, esta transferencia de capitales hacia el sector energético no ha parado de aumentar las inversiones no sólo en petróleo y gas, sino también en minería, haciendo que la deforestación, el acaparamiento de aguas y el desplazamiento de comunidades rurales se acentúe, no sin un aumento evidente de la violencia represiva y destrucción de las economías internas.

La llegada de Milei al poder debe leerse en consonancia con la llegada de Dina Boluarte mediante el Golpe de Estado al presidente de origen campesino Pedro Castillo en Perú; al golpe en Bolivia en medio de la negociación sobre las reservas de Litio; a la reforma constituyente chilena que retrocede más casilleros que la constitución pinochetista; a la consesión petrolera sobre el Amazonas que Lula cedió antes y después del paso de Bolsonaro por el Gobierno; al incremento de la violencia narco en Ecuador, acompañando la ampliación del extractivismo petrolero; a la disputa entre Venezuela y Guayana por las reservas de petróleo recientemente descubiertas en la frontera del Esequibo; a la ampliación minera que acaba de resistir Panamá en las calles y a la violencia que no para de crecer en México, donde el Narco desplaza para liberar territorios mineros y desplazar campesinos.

Donde los proyectos extractivos encuentran resistencias populares, éstas son combatidas a través de ahogamientos económicos para forzar las conseciones bajo promesas de rescate económico que sabemos que nunca llegan. Cuando estos intentos fracasan, se ponen en marcha los mecanismos represivos, estatales o para-estatales que imponen por la fuerza los desplazamientos y el sacrificio de los territorios. Argentina viene de combatir el avance minero en Chubut, en Mendoza y en Jujuy de modo ejemplar, pero habrá que estar preparados para defenderse del avance represivo que la invocación a Roca que hizo Milei en su discurso inaugural de gobierno pre-anuncia. El hecho de que Massa planteara la metáfora de la cordillera de los Andes como una torta, también cantaba el preludio del modelo extractivo-minero que se venía.

Tenemos que tener en cuenta que España sigue siendo una potencia colonial capaz de definir los rumbos de la economía latinoamericana y no dejarnos confundir con alguna tonta sensación de cercanía que todavía nos obnubila la mirada en la Región. En noviembre de 2022, el ex-presidente español Felipe González estuvo de visita en Argentina visitando tanto a los sectores del peronismo gobernante, como a los sectores concentrados del empresariado y a Gerardo Morales en Jujuy [3] [4] [5]. Su objetivo fue encaminar los consensos entre todo el arco político para que la dirección de la economía argentina se dirigiera hacia el Sector Energético -Litio y Vaca Muerta-sin importar qué partido político gobernara. Felipe González gestionó las privatizaciones de las empresas públicas desde su presidencia entre 1982 y 1996, llevando a cabo la transición democrática post-franquista en el PSOE y devolviendo a España al primer mundo a través de las privatizaciones de las empresas de servicios públicos en Latinoamérica.

El acto inaugural con el Rey de España en primer plano y la designación de Eduardo Rodríguez Chirillo en la Secretaría de Energía deberían ayudarnos a identificar los principales actores del saqueo en marcha. Rodríguez Cirillo [6] participó en las privatizaciones del último ciclo menemista y viene de vivir en España y de trabajar para Iberdrola en México, la segunda empresa petrolera española luego de Repsol. Aunque la participación de Argentina en el Latibex [7]el indicador bursátil español de empresas latinoamericanas, es relativamente menor,  la sucursal argentina del BBVA acaba de ser celebrada con el mayor repunte bursátil de la jornada. Dentro del Latibex la mayor parte de las empresas son brasileras y todas vinculadas al petróleo o a la minería, entre ellas Petrobrás, Neoenergía (la filial de Iberdrola en Brasil), la minera Vale y la eléctrica Copel.

Mientras el Sistema Financiero de Estados Unidos moviliza las inversiones y los beneficios de forma espúrea, y avanza con la espalda provista por el Fondo Monetario Internacional, los beneficios no sólo se quedan ahí, sino que terminan llegando a las arcas europeas mediante las grandes inversiones anónimas a través de los Fondos de Inversión. Las visitas políticas de Felipe González y la presencia del Rey deberían indicarnos hacia donde van dirigidos los beneficios del terror económico que vive la Región y que difícilmente podamos confrontar si no empezamos a elaborar entre los diferentes países no sólo una estrategia de resistencia, sino el modelo económico y de vida que queremos para Nuestra América.

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