Brutal devaluación mediante, sumado a los descontrolados aumentos de precios en alimentos y productos de primera necesidad y la consecuente licuación de los salarios, da como lógico resultado que casi el 80 % de la población se haya visto obligada a resignar consumos, a raíz de las medidas que viene llevando adelante el gobierno de Javier Milei.

En cuanto a este último punto, un 30,1 % señala que se pasó a segundas marcas; un 27,1 %, que recortó en gastos de ocio en general; y un 10,7 % que compra menos indumentaria.

Mientras, menos del 10 % asegura que su sueldo le “alcanza bien” para llegar a fin de mes.

Estos datos surgen de una encuesta nacional realizada por la consultora CB conducida por  el analista Cristian Buttié, que hizo un relevamiento de 1.271 casos en todo el país, entre el 15 y el 18 de marzo, y presentó los resultados con +/- 2,71% de margen de error.

Sin embargo, y según destaca Clarín a propósito de esta encuesta, la medida que más afectó la imagen del presidente no se relaciona con el ajuste, a pesar de las durísimas decisiones que tomó el libertario en este sentido.

“Recientemente el presidente Milei firmó un decreto en el que otorgaba para él y su Gabinete de ministros aumentos de sueldo de hasta el 48%. Ante las críticas y la polémica, lo derogó y afirmó que no estaba al tanto del decreto, posteriormente echando al funcionario responsable. ¿Usted estaba al tanto de la polémica?”.

Más del 70 % contestó que sí. Pero lo peor vino después, cuando la consultora indagó sobre la explicación que dio Milei, que aseguró que no estaba al tanto de la medida y responsabilizó a la ex presidenta Cristina Kirchner por un decreto de 2010 vinculado con ese tema. El 47,7 % no le creyó, contra un 41,1 % que sí y un 10,9 % de “no sé”.

“Esto deja en claro que es la bala que más le entró a Milei, más que el ajuste”, dice Buttié. La comprobación la terminaría de dar no sólo por lo que dijo, sino por lo que hizo después el presidente.

Primero, anuló el decreto de CFK y dio marcha atrás con los aumentos; después, terminó echando a dos funcionarios a los que involucraron en el escándalo: al secretario de Trabajo Omar Yasin, y a Armando Guibert, colaborador del jefe de Gabinete Nicolás Posse.

En síntesis, esta cuestión pegó en la parte más sensible del relato libertario: si Milei venía a ajustar a la casta, ¿cómo es que se aumentaba el sueldo mientras la mayor parte de la población ve empobrecer día tras día su poder adquisitivo?

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