Las subas en las tarifas obligarán a tomar un curso acelerado de eficiencia energética, a fin de ponerse a tono con prácticas habituales en muchos países

Por Marcelo Bátiz

ábitos que había caído en desuso como los de controlar el uso de la iluminación, la refrigeración o calefacción, retornarán a la Argentina en función de un concepto que en otras latitudes se tiene presente hace décadas, como ser que la energía tiene un costo que debe ser asumido por los propios consumidores. Ese concepto es el de la eficiencia energética, que podría ser resumido en el ahorro de energía (eléctrica o gas) sin resignar condiciones de confort o habitabilidad.

Esta idea dista de ser solamente un recurso familiar para llegar a fin de mes; por el contrario, es una política de Estado en muchos países para hacer frente al declive de la producción de combustibles fósiles y poder de esa manera equilibrar tanto la balanza comercial como el resultado fiscal.

“El 25% de la energía que se consume en los hogares es por artefactos eléctricos”, señaló al respecto Javier Maltz, presidente de la Asociación Nacional de Industrias de Materiales Aislantes (ANDIMA).

Salvador Gil, director de la carrera de Ingeniería en Energía de la Universidad Nacional de San Martín y miembro del Área de Pensamiento Estratégico de la Cámara Argentina de la Construcción, da más precisiones al respecto al señalar que las heladeras representan el 22% de la energía consumida en el promedio de los hogares en la Argentina y, junto a los aires acondicionados (17%) y la iluminación (11%) se lleva la mitad de la factura de electricidad.

Los datos son relevantes si se los analiza considerando el esquema tarifario argentino, en los que un consumo que supere determinados umbrales puede implicar un cambio de categoría y, para los hogares de ingresos medios, el pago del consumo excedente a los mismos valores que los usuarios de altos ingresos.

Para ponerlo en números: si un hogar de ingresos medios (N3) de Edenor o Edesur supera los 400 kwh por mes, el cargo fijo del consumo excedente aumenta un 244,8% y el variable el 450,3%.

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El 25% de la energía que se consume en los hogares es por artefactos eléctricos

Cómo evitar consumos excesivos de luz y gas y obtener ahorros significativos 

Antes de alarmarse por esos porcentajes, una serie de consejos pueden ser útiles para evitar consumos excesivos y obtener ahorros significativos.

Manuel Pérez Larraburu, gerente de Eficiencia Energética y Energías Renovables de BGH Eco Smart, señaló uno tan sencillo como “apagar los electrodomésticos en modo stand by cuando no estén en uso”, un recurso que, aseguró, “permite ahorrar hasta un 5% de la factura de energía”.

“Una de las principales fuentes de ahorro está en el uso eficiente de los equipos de climatización”, advirtió. Con la programación del termostato y el ajuste de la temperatura a los requerimientos necesarios, “se puede economizar hasta un 20% del total del consumo de energía“.

Para llevar a cabo esa tarea sin resignar calidad de vida, es fundamental contar con buenas condiciones de aislación térmica de la vivienda. En ese sentido, Maltz hizo foco en la revisión de la “envolvente” (piso, muros y techo) para detectar fugas de aire que inciden en el uso de la refrigeración en verano y la calefacción en invierno. La aplicación de burletes en los cerramientos es otra manera eficaz para reducir los montos de las facturas de electricidad y gas que, en los cálculos de Pérez Larraburu, “implica un ahorro de hasta el 10% de la energía consumida”.

Otra costumbre que los nuevos cuadros tarifarios obligan a revisar es el uso de los equipos de calefacción o de aire acondicionado en horarios nocturnos o cuando los habitantes de la casa o departamento se encuentran fuera del hogar. “Siendo que son los dos principales consumos de un domicilio, aquí el ahorro es significativo, con hasta un 25% del total de ambas facturas”, especificó el gerente de BGH Eco Smart.

Asimismo, el empleo de temporizadores o “timers” para el control de la iluminación y, en caso de tenerlo, el termotanque eléctrico, no debe descartarse a la hora de hacer cuentas. En el primer caso, la economía para el hogar llegaría al 2% del consumo total, pero en el caso de los termotanques el ahorro alcanzaría al 30% de la factura.

Si un hogar de ingresos medios (N3) de Edenor o Edesur supera los 400 kwh por mes, el cargo fijo del consumo excedente aumenta un 244,8% y el variable el 450,3%

La suma de todas las opciones señaladas podría representar un ahorro global cercano a $9.000 mensuales, tomando como referencia dos facturas de electricidad y gas de $10.000 cada una. Pero hay una instancia posterior que Pérez Larraburu y Maltz recomiendan por igual: el uso de electrodomésticos con etiquetado de eficiencia energética de las categorías más altas (A+, A++ o A+++).

Cambios en las pautas de consumo

En ese punto, el principal obstáculo es el de las escasas posibilidades de financiamiento para la adquisición de esos artefactos, pero una vez puestos en funcionamiento el ahorro compensa los gastos. En esa ecuación, la eliminación de los subsidios constituye un incentivo determinante, ya que al aumentar el nivel de las tarifas se reducen los plazos de amortización.

Tomando como punto de referencia una heladera de categoría “B” -una de las más utilizadas en el país- el ahorro en el consumo se incrementa a medida que se asciende en las posiciones. Es del 10% para una heladera de categoría “A”, de hasta el 25% de una heladera “A+”, de hasta un 45% en una de categoría “A++” y supera ese porcentaje en el caso de los equipos con calificación “A+++”.

En este punto se cruzan los intereses particulares con los estatales, ya que el ahorro que representa el uso de heladeras de mayor eficiencia energética “sería equivalente a la energía generada por la central nuclear de Atucha“, según las estimaciones de Gil.

La complementación de cambios en las pautas de consumo y el uso de electrodomésticos de mayor eficiencia energética redundará en un ahorro para las familias que, en promedio, podría superar los $10.000 mensuales. Un aliciente tan sencillo de lograr como lo indica Maltz: “La energía más barata es la que no se consume”.

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