“La gran estrategia de dominación del neoliberalismo es la negación del conflicto”

(Por Estefanía Cendón) El doctor en Sociología Económica Alexandre Roig, coordinador general de Usina del Pensamiento e integrante de Agenda Argentina, define cuáles son los retos del actual mundo del trabajo a los que el progresismo debe dar respuesta. El vínculo entre el Estado y la Economía Popular para alcanzar su institucionalización. También, un análisis sobre “la grieta” que invisibiliza los efectos del neoliberalismo a nivel local y regional: “Si no producimos más justicia social, el devenir será una radicalización del odio a los pobres, lo que tarde o temprano deviene en una radicalización del odio a los ricos”

MOTOR ECONÓMICO: Si se votan imaginarios, como describió junto a Pablo Chena, ¿A qué desafíos se enfrenta el progresismo una vez en la gestión?

Alexandre Roig: Si seguimos con la línea de que lo que se votan son imaginarios, una vez que se ganan las elecciones la batalla es por los imaginarios. Esto implica una diferencia en la forma en que se ha pensado la batalla cultural: creer que la disputa política está nada más que en el plano de los discursos. La transformación de los imaginarios no se da solamente en el plano discursivo, lo que hay que transformar son instituciones. Una transformación subjetiva, de las formas de pensar, sentir y actuar implica incorporar, hacer cuerpo, una nueva institución. Si transformar imaginarios es transformar instituciones que se hacen cuerpo, entonces, una institución es un conjunto de reglas, representaciones y discursos que organizan un conflicto. A su vez, organizar ese conflicto implica intervenir en la conexión entre dos partes. A modo de ejemplo: si retomamos los imaginarios del mundo laboral, éstos pasan por una gran institución que es el Convenio Colectivo de Trabajo, donde se organiza el conflicto entre capital y trabajo. Eso es un imaginario, hay una institución que regula conflictos. Si acordamos en este conjunto de conceptos, el progresismo tiene como desafíos ver cuáles son los conflictos que hay actualmente en la sociedad y organizarlos. La gran estrategia de dominación del neoliberalismo es disimular los conflictos, negar la existencia de los conflictos. Si estás en una posición dominante es normal que no quieras confrontar, por lo tanto la mejor estrategia es decir que no hay conflicto. Asumir el conflicto implicaría negociar con una contraparte. La gran estrategia de dominación del neoliberalismo es la eliminación, la patologización, la negación del conflicto. En contraposición, la estrategia del progresismo es la identificación y la organización de los conflictos existentes.

ME: Usted especificó que el modelo al que responde el Neoliberalismo es la financierización de la Economía. ¿En qué consiste y cuál es su impacto social?

AR: De la mano del Neoliberalismo hay un proceso de financierización, hay nuevos conflictos que no son los mismos que en la sociedad industrial. El conflicto entre capital y trabajo no sólo ocurre dentro de las fábricas, también ocurre de manera más global en todos los espacios sociales. El capital no sólo se ocupa del momento productivo, y habría dejado al mundo privado el espacio de la reproducción, ahora se ocupa de todos los momentos de la vida. Ya sea a través de los dispositivos tecnológicos, como el celular, las plataformas y las redes sociales, o sea a través de la relación de endeudamiento. Porque cuando uno está endeudado, está endeudado 24 horas. Cuando estás en una relación de explotación, te encontrás en una relación de explotación el tiempo que trabajás, después hay momentos en los que realizás otras actividades. Una persona endeuda está captada todo el tiempo, eso constituye una nueva relación, un nuevo conflicto en el seno del capital. Ahí tenemos una primera dimensión: la deuda como una forma particular de gobernar que implica un conflicto que se niega. Trabajar sobre los imaginarios desde el progresismo es asumir que hay que confrontar el endeudamiento de la sociedad. Esto tanto a nivel macro con el FMI, como en el endeudamiento de las personas a nivel doméstico. Hay una parte menos visible que tiene que ver con los efectos de la financierización. Lo propio de la financierización es la fragmentación del capital. Obviamente hay articulaciones en el seno del capital, pero también hay intereses cada vez más contrapuestos. En períodos de capitalismo industrial se daba la clásica tensión entre la producción rural y la producción urbana. Ese conflicto se resolvía a partir del sistema bancario: los excedentes de uno y de otro iban al sistema bancario que, a través del sistema de crédito, regulaba los conflictos en el seno del capital. Era un conflicto entre dos lógicas productivas. Hoy en día hay un conflicto entre la lógica productiva del capital y la lógica rentística del capital. La lógica rentística del capital siempre estuvo, pero ahora está agudizada y se contrapone a los intereses del capital productivo. El efecto de la financierización de este conflicto en el seno del capital produjo una división en el mundo del trabajo.

ME: ¿Cuál es esa división y qué efectos genera?

AR: La lógica financiera atentando en contra de la lógica industrial produjo voluntariamente desempleo masivo, por lo menos en los países centrales o en los países como Argentina que tenían un fordismo perisférico. El efecto del capital rentístico es la producción masiva de desempleo: el neoliberalismo necesita del desempleo para acumular y para debilitar el mundo del trabajo. En el mundo del trabajo hablamos de dos grandes categorías de trabajadores: el trabajador empleado y el desempleado.

ME: Tomando en consideración esas categorías: ¿Cómo se reconfiguró el mundo del trabajo tras la crisis de 2001?

AR: El desempleo masivo en Argentina se estructuró a partir de los años 90, por lo cual el eje central de articulación de las organizaciones sociales en 2001 fue la reivindicación de ser trabajadores desempleados. Después la CTA lo retomó como categoría legítima del mundo del trabajo y las organizaciones piqueteras lo asumieron como bandera. Como trabajadores desempleados, si la fábrica no puede ser el espacio de lucha, el espacio de lucha es la calle y el barrio. Son dos espacios de desplazamiento, gran parte de los efectos del desempleo y la pobreza creciente se procesan a nivel comunitario-barrial. Si hay algo fabuloso en la politicidad argentina es que el eje central de las organizaciones siempre fue y será privilegiar la contención de los compañeros y compañeras junto a la mejora de su situación de vida. Rápidamente eso va a mutar, sin desaparecer la identidad previa. Al sentir que nadie les daba una respuesta, decidieron crear su propio empleo usando gran parte de las políticas de contención de fines de los años ’90 y principios del 2000. Ahí es donde apareció la idea de trabajador sin patrón, un trabajador que produce su propio empleo y que sume esa posibilidad. Esto le otorgó otra identidad, se agregó a la calle y el barrio la cuestión laboral y productiva.

ME: ¿De qué forma se organizó ese sector en general?

AR: Por un lado hay una tradición previa que tiene que ver con la Economía Social y Solidaria de la tradición del cooperativismo. Gran parte de la Economía Popular asume la tradición de la Economía Social, por convicción o por necesidad. La derecha ideológica, que atraviesa varios partidos, los ha tratado de pensar como microemprendedores. Para ellos no hay diferencias entre esta forma de producir y una empresa, sólo que son más pequeños. El diagnóstico es errado. Para cambiar tus niveles de ingreso es necesario tener acceso a más capital.

ME: La Economía Popular continúa siendo asociada al trabajo informal. ¿A qué se debe?

AR: Se debe a que detrás del concepto de informalidad subyace la idea de ausencia de relación, que no habría una relación con el capital. Junto a Pablo Chena creemos que la Economía Popular es funcional para el capital, tiene una primera función que es pagar sus deudas a tasas de intereses usureras. Hay pruebas: realizamos una encuesta y observamos que el 75% estaba endeudado a tasas de intereses que triplican las tasas de intereses máximas de la clase media o alta. El sistema financiero logra captar gran parte del plusvalor que se produce en la producción de la Economía Popular. Otro error conceptual es pensar que en la pobreza no hay plusvalor, un excedente que pueda ser captado. Este concepto predomina no solamente en la política, también en el campo académico, una especie de sentido común. Es erróneo porque vos podés estar en una economía de subsistencia y, aun así, generar excedente. Hay una parte de plusvalor que es captado por las finanzas y hay una parte del plusvalor que también es captado en las cadenas productivas. Los intermediarios de la Economía Popular se quedan con parte del excedente.

ME: Si hablamos de una economía de proximidad, ¿cuáles son los intermediarios en la Economía Popular?

AR: La economía es de proximidad en algunos circuitos comerciales, no en todos. Los cartoneros venden su cartón a intermediarios, la agricultura familiar termina siendo captada por las grandes cadenas de valor del alimento. En la economía del cuidado gran parte de lo que se le paga a las cuidadoras, en su mayoría son mujeres, es muy bajo.

ME: ¿Qué propuestas hay de abordaje, desde el Estado, para la Economía Popular?

AR: Lograr una lógica de acción pública es una propuesta posible. No se trata de hacer una política pública bajada desde el Estado, sino una acción pública en donde el Estado y las organizaciones sociales trabajan mancomunadamente. No debe asustarnos que las organizaciones sigan en las calles ya que es un rasgo identitario que no se puede abandonar. En este trabajo asociado entre el Estado y las organizaciones ninguno debe perder su autonomía y su fuerza propia, pero es necesario que lleguen a un acuerdo para trabajar conjuntamente sobre ejes centrales. Esto sería una primera característica de una institucionalización de la Economía Popular. Como segundo paso es importante establecer una relación. Lo que más debilita a un sector social es estar excluido de una relación, por lo que es imprescindible producirla.

ME: ¿Existe el espacio, las instituciones, para lograr ese vínculo o hay que generarlo desde cero?

AR: No es todo de cero, pero hay que crear una nueva lógica. Hay que transformar cosas existentes, darles más potencia, más capacidad de acción. Desde las organizaciones sociales se viene proponiendo la implementación del Consejo de Economía Popular, donde las organizaciones que estén representadas participen de la elaboración de la política. Esto fue creado como figura por la Ley de Emergencia Social de Diciembre de 2016. Este Consejo existe: hay que implementarlo y darle un lugar en el Estado. Es muy importante que se constituya. Tenemos tres dimensiones. Una es la dimensión financiera, apostar dinero a la producción. Hay que entender que la Economía Popular es un lugar muy productivo, hay que fortalecer esa dimensión productiva facilitándoles acceso al capital y protegiendo el endeudamiento. Créditos orientados a la producción con tasas de intereses subsidiadas, si es necesario. También es importante resolver la dimensión fiscal, no podemos seguir pensando que los trabajadores de la Economía Popular no aportan a la economía. Hoy están aportando a través de los impuestos indirectos, como el IVA, lo que nos pone en contra del concepto de informalidad. La relación fiscal no es solamente tributaria, de aporte de dinero, también es una forma de proteger y de fundar derechos sociales. Las tarifas diferenciadas, poder descontar IVA y otras operaciones fiscales son necesarias para permitir que aumente la capacidad productiva y, por ende, los ingresos. La tercera dimensión es la laboral- productiva. Organizar sectorialmente a los trabajadores: los grandes sectores de la Economía Popular, la agricultura familiar, el reciclado, la actividad textil, las obras públicas de pequeña escala y la vivienda social, la venta en el espacio público, los servicios sociocomunitarios que incluye los comedores, merenderos y la economía del cuidado, entre otros. Todos son sectores fundamentales para la vida social. Fortalecer la dimensión laboral-productiva es reconocer el valor social de estas actividades aumentado las remuneraciones. La trama fiscal, financiera, laboral y productiva garantiza generar nuevos derechos sociales y laborales para este sector específico. Así hay un mapa de la institucionalidad global.

ME: Lo que describe representa una inversión importante por parte del Estado. ¿Que no se haya logrado, hasta el momento, responde a la falta de recursos o no existió la voluntad política?

AR: Los recursos son escasos y sabemos que mucho de lo que queremos plantear implica un proceso. Pero tiene que quedar en claro que hay privilegiar a los sectores populares por el bien de todos. Lo que se conceptualiza como “costo” en el mundo de la política, en el caso del mundo popular hay que conceptualizarlo de otra forma. No sólo como inversión, también como una necesidad: si no asumimos que debemos construir una sociedad más justa, el devenir como sociedad es catastrófico. Como sociólogo destaco: si no podemos producir más justicia social, el devenir será una radicalización del odio a los pobres, lo que tarde o temprano deviene en una radicalización del odio a los ricos. Esos odios cruzados son de una violencia inusitada.

ME: Usted afirmó que el neoliberalismo trata de enmascarar, ocultar la conflictividad ¿Cómo se lee la grieta en ese esquema?

AR: La grieta es una categoría política y es una aberración sociológica. Es una categoría política que plantean quienes les conviene que haya una grieta. Una grieta es algo que divide dos territorios que no están conectados. La grieta sería el nombre de la negación del conflicto y es muy perverso. Para que haya un conflicto tiene que haber una relación, no son dos posiciones antagónicas sin relación. La grieta plantea dos posiciones sin ningún tipo de contacto, es una forma de decir que el conflicto no tiene principio de regulación.

ME: Cuando sí hay una relación.

AR: Siempre hay una relación. La grieta es la categoría de los dominantes. Se dice “¡qué horror la grieta!”, y cuánto más se habla de esa grieta lo único que afirmás es que no hay una capacidad de producir una relación entre los términos que están conflicto. Eso no existe, no hay forma, porque siempre hay una relación. La grieta es una operación para simular una relación de dominación. Si lo nombro de otra forma, por ejemplo, si digo que hay un conflicto de clases, que hay conflicto generacional, de acumulación o si digo que hay un problema de injusticia social, en cada una de esas formas de narrar una tensión hay una relación.

ME: También una implicancia del Estado, por acción u omisión.

AR: Por ende una obligación del Estado de mediar en ese conflicto. Eso es institucionalizar. Un imaginario progresista no puede partir de la grieta, porque un imaginario progresista construye una relación. La política es el juego de las relaciones de fuerza, si no tenés relaciones de fuerza hay una crisis de la política o una dominación pura. La grieta niega la relación de fuerzas. Hay muchas cosas que conectan a la sociedad argentina, no sólo desde el conflicto, también desde el deseo positivo.

ME: Si el neoliberalismo invisibiliza: ¿qué viene a visibilizar el progresismo en términos de gestión?

AR: Viene a visibilizar las formas contemporáneas de la injusticia. No limitar la idea de injusticia al mundo industrial, entender qué significa la injusticia social en tiempos de la financierización: que la disputa social no es solamente por la tasa de ganancias lo que sería, entre otras cosas, la distribución del ingreso. El imaginario industrial eso lo tiene claro. Ser justo es distribuir mejor. Hay que sumarle a esto que ser justo es también controlar la tasa de interés, controlar la lógica financiera porque ahí está la dominación del capital.

ME: Han surgido nuevas formas de trabajo, el proceso denominado “Uberización” de la economía, que esconden una cruda flexibilización laboral. ¿Cómo debería actuar el Estado?

AR: Ser progresista en el capitalismo industrial implicaba proteger al trabajador de un patrón visible. Ser progresista en el capitalismo financiero implica proteger a los trabajadores de un patrón visible y de un patrón oculto. Hoy los patrones ocultos de la economía son los intermediarios de la Economía Popular. El gran patrón oculto de todos los trabajadores es el capitalismo financiero, que no se vive como patrón pero, sin embargo, te capta tu plusvalor y te organiza. Actualizarse implica que desde el punto de vista de los imaginarios podamos ampliar, no reemplazar, el imaginario incorporando la dimensión financiera.

FUENTE: Motor Económico.

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