El programa “HABLANDO SE ENTIENDE LA GENTE”, emitido por FM 88.9, entrevistó a Raúl Cabrera, quien colabora junto con amigos en ollas populares realizadas en la plaza Los Artilleros, ubicada en la localidad de Ciudadela, partido de Tres de Febrero.

Somos un grupo de amigos que gracias a la ayuda de los vecinos decidimos seguir con las ollas. 

Son quince los chicos que colaboran con la iniciativa. Nos ayudan también nuestras mamás. 

Al principio salía todo de nuestro bolsillo. Después empezamos a pedir un poco de acá, un poco de allá. Hemos creado un grupo de Facebook (“OLLA POPULAR PLAZA LOS ARTILLEROS”) donde hacemos vivos para agradecer y para pedir lo que se necesita.

Tenemos vecinos que todos los días se acercan y nos traen mercadería como fideos, arroz, lentejas, verduras. La estamos llevando bien. 

 

Al vivir en el barrio conocíamos las necesidades que había. En el día a día ves las necesidades en la calle. La mayoría de la gente que se acerca a la plaza es gente del barrio que por la cuarentena quedó en la lona. 

Cada vez es más la necesidad de la gente. Hemos tenido gente que no se puede acerca a la plaza, como una familia de personas mayores con discapacidades o también otra familia que tenía cinco personas con Covid. Entonces nos pidieron si podíamos llevarles la vianda. Cuando terminamos en la plaza, lo que sobra en las ollas, la salimos a repartir por la calle o a alguien que no podía acercarse para que a nadie le falte nada. 

A las personas les preguntamos cuántos son, qué necesitan, si necesitan ropa para chicos o grandes. Hay mucha gente que la echaron de donde estaban, entonces están viviendo en la plaza. Lo que hacemos entonces es tomar el pedido y en la semana nos encargamos de conseguir lo que hace falta.

La gente es muy solidaria y la de Ciudadela mucho más. 

Lamentablemente hay mucha gente que depende de nosotros y de estas ollas. 

Hay dos chicas que antes de la cuarentena ya juntaban ropa y comida para ayudar a un grupo de familias. Arranca la pandemia y no sabíamos qué iba a pasar. Entonces un día me decidí y les mandé un mensaje diciéndoles que tenía ganas de hacer una olla porque realmente había necesidad. 

Uno no se animaba porque no sabía cómo te iba a ir, si iba a ir gente, qué iba a pasar, entonces decidimos arrancar. Arrancamos en una esquinita con dos ollas y no venía nadie al principio. Entonces salimos a repartir por Ciudadela. 

Arrancamos haciendo esto los martes, jueves, sábados y domingos. Es cansador pero al terminar el día, cuando te dejan las ollas vacías y se va la gente, nos queda mucha satisfacción. 

Tomamos todas las medidas correspondientes para cuidarnos. Los días que hacemos las ollas pedimos que vengan con barbijo, respetando la distancia social. En la plaza, gracias al espacio, están marcadas en el piso unas cruces con cinta distanciadas para que la gente tome la distancia. 

Tenemos pensado seguir después de la pandemia. No es que se va acabar el hambre. Vamos a seguir mientras podamos. Somos un grupo de amigos que gracias a los vecinos podemos ayudar.

Se nos unieron un grupo de chicos scout que hacen meriendas los días sábados, a las cinco de la tarde, para ayudar de esa manera.

Necesitamos ropa y calzado de hombre. El resto tenemos bastante.

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