A mi hermana le da terror volver a ser pobre: no sale nunca a la calle sin plata. Yo ando casi siempre sin plata. Si me pasa algo, no va a ser algo solucionable con dinero. Estoy mirando mis zapatillas y las debo tener desde hace cinco años. Soy muy austera conmigo, pero en mi casa la comida es sagrada. Una de las primeras cosas que me compré cuando empecé a cobrar bien fue una heladera gigante. Tengo un tema con comer cosas ricas: fueron años de comer arroz con cebolla, sánguches de fideos… Y mis hijos no tienen estupideces, pero mierda quieren, mierda tienen.

“En mi casa, la comida es sagrada. Una de las primeras cosas que me compré cuando empecé a cobrar bien fue una heladera gigante”

— ¿Y vos tenés miedo a volver a ser pobre?

— Para nada. Si tengo que volver a depilar, no se me cae ningún anillo. Y te cuento que soy una gran depiladora, en el resto de las cosas me defiendo, pero es lo que mejor hago. Por lo único que me fui de la villa es para que mi hijo no sea asmático como yo. Pero no me siento de clase media y nunca me voy a sentir de clase media.

— ¿Cómo es eso?

— Uno puede salir de la pobreza, pero la pobreza no sale de uno. Hay algo ahí que queda. Aunque mis ingresos ya no sean de pobre.

“Uno puede salir de la pobreza, pero la pobreza no sale de uno. Hay algo ahí que queda”.

— En la charla Ted, contaste que la primera vez que fuiste a una casa con baño creíste que el bidet era otro inodoro que servía para hacer pis. Juraste llevarte a la tumba el secreto de hasta qué edad hiciste pis en el bidet. ¿Se mantiene el juramento?

— Sí, me lo llevo a la tumba.. Pero te puedo contar que cuando se viralizó esa charla, una famosa empresa de bidets me ofreció trabajo, pero no lo acepté porque no me parecía ético.