Por: Ricardo Tejerina(*)

Cuando el territorio de la política es ocupado por técnicos ortodoxos ocupados y preocupados por una supuesta eficiencia que no es otra cosa más que un ajuste serial, estamos ante una tecnocracia. Por su parte, el mentado síndrome de Estocolmo es la
línea de adhesión y justificación que en ciertas ocasiones la víctima desarrolla hacia su victimario. En Tres de Febrero vemos, hoy por hoy, la manifestación concreta de ambas cosas. Malestar y preocupación

El viernes último el HCD local aprobó con la mayoría automática de Juntos por el Cambio y su nuevo aliado (el ex massista Martín Jofré), el estacionamiento medido digital para los centros comerciales de diferentes localidades del distrito. Son las ubicadas mayormente en el centro y sur del municipio hasta el límite con CABA. Por su parte, las localidades eximidas de la zona norte (desde Loma Hermosa hasta El Libertador), confiesan más que una ventaja real, el retraso y la desigualdad estructural del distrito que encuentra una virtual línea divisoria en la combinación de la Avenida Márquez y la Ruta 8, donde un sistema como el aprobado devendría del todo impracticable en las condiciones de precariedad actual de dichas
comunidades. A pesar del activo rechazo en redes sociales de actores del comercio, principalmente, y de vecinos en general, junto a todas las fuerzas políticas opositoras, los ediles oficialistas no se pusieron colorados al votar el paquete recaudatorio del intendente, que como insólita concesión “no lo aplicará durante la pandemia”. Los concejales del Pro esgrimieron algunos argumentos que también resultaban culposos, como el hecho de que el sistema ya existía en Tres de Febrero, aunque no se utilizaba, y que otros municipios vecinos ya tienen implementado el parking arancelado, como San Martín y La Matanza. La política del “yo no fui” y el “mal de muchos”, es un certificado inequívoco de haber dado positivo el test de falsedad ideológica.

Si uno vota esto, se impone el hacerse cargo con el irreductible rictus de la “nueva derecha local”. Sobre todo cuando se lo hace en un distrito que no ha podido controlar a los autos aparcados sobre las veredas, los abandonados peligrosamente en las calles que diariamente se incrementan o incluso el robo automotor, y que tampoco hizo mucho por el ordenamiento del tránsito urbano (que suele ser caótico en urbes como Caseros o Ciudadela, entre otras), y mucho menos continuó la construcción de pasos bajo nivel que quitasen barreras o construyese una terminal cabecera para el transporte de larga distancia, que todavía
hoy debe operar en plena calle (por ejemplo la Avenida San Martín, a escasos metros del edificio municipal) como hace 30 años. La irrupción y ascenso dentro del gobierno de Diego Valenzuela del ala tecno-clerical a partir de 2018, trajo aparejado un ajuste serial a nivel de todo el distrito que se ve reflejado en cada acción de gobierno que incluye desde el recorte de
servicios urbanos, sociales, culturales (colectivos de artistas ya reclaman la “emergencia cultural” en Tres de Febrero) y de seguridad, hasta el traslado del alumbrado público de la boleta municipal a la factura de la privatizada Edenor, hecho que curiosamente también surgiese desempolvando una antigua resolución de la primavera neoliberal de la era menemista.

No obstante, todo esto parece no ser suficiente para un sector de la sociedad local, que aunque en franca baja desde la última elección, continúa apoyando las políticas oficiales que lo tienen por víctima. Tal vez una de las principales razones que todavía beneficia al oficialismo local permitiéndole este pandemonium es la radical división ideológica de esa
misma sociedad y una suerte de antiperonismo cristalizado que se expresa en el rechazo liminar a toda variante de éste, aunque ello suponga la adhesión implícita al propio verdugo.
Valenzuela, ya sin reelección por delante, complica demasiado el horizonte de propios y extraños que aspiran a sucederlo, pero ello es materia de análisis para otra oportunidad.

*Escritor y gestor cultural. Ex subsecretario de Cultura municipal

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