Por Ricardo Tejerina

El verdadero sentido de la lealtad, ¿a qué?, ¿a quién? La disputa de la calle como territorio político. Tres de Febrero, el distrito de la pandemia invisible. El neologismo “posverdad”, nos trajo la idea de una verdad posterior que se acomoda al deseo del intérprete. La realidad suele deparar ambigüedades y éstas son siempre el alimento preferido de la posverdad. La “poslealtad”, siguiendo el concepto precedente, sería una lealtad acomodaticia, que rápidamente olvidaría cualquier felonía o traición, y se reinventaría como una lealtad verdadera, inquebrantable, sin deuda de pasado y dudoso compromiso hacia el futuro, pero reflejo instantáneo del circunstancial e interesado presente.

En el día de ayer, 17 de octubre, el peronismo vivió sus 75 octubres, rememorando aquel insigne y fundacional momento del ’45. A lo largo de estas siete décadas, el movimiento del General Perón, transitó todos los escenarios posibles: fue proeje, aliado, clerical, anticlerical, de izquierda, de derecha, revolucionario, conservador, estatista, privatizador, neoliberal, nac & pop, ortodoxo, heterodoxo, continuador, revisionista, fue Evita, Isabel, Menem, Duhalde, Kirchner, Cristina y ahora Alberto, que fue Néstor, pero marchó por Nisman y que, contra todo pronóstico, fue elegido por la ex presidenta en una estratégica vuelta de campana que valió una presidencia. He allí la poslealtad peronista, a todo lo bueno que fue y a nada de lo malo que dejó de ser, única manera de sobrevivir a la imposible tarea de la mínima coherencia en el país que fue Australia y que hoy la oposición lo tilda de Venezuela. Ahora que esos sectores que otrora despreciaban las manifestaciones populares, empezaron a tomarle el gusto (y la temperatura) a la política dirimida en las calles, el peronismo se ve sorprendido por estas hordas urbanas (inmortalizadas en un Audi deudor de patentes) que intentan apropiarse de lo que, por historia y tradición, pareciera pertenecerle casi monolíticamente al que fuera el partido de los descamisados, por ello hace escasas horas miles de peronistas volvieron a esas calles de la patria… “y mejores”.

En tanto, Tres de Febrero vive en su burbuja de realidad aumentada. No exento de tensiones, el peronismo local pontifica unidad y confiesa división, jugando con fuego a un año escaso de las elecciones de medio término. Por su parte el oficialismo comunal invisibiliza la pandemia. Sin datos oficiales en sus redes desde hace varios días, el gobierno de Valenzuela decidió dar por terminado todo vestigio de Covid, a pesar de ser uno de los distritos con peores registros desde el inicio del flagelo sanitario que ya trepa hasta el millón de contagios (979.119) en todo el país. Quien quiera oír, que oiga.

*El autor es escritor, licenciado en Gestión del Arte y la Cultura (UNTREF) y ex subsecretario de Cultura municipal.

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