Antes del recital de Ricky Martin, los vecinos denunciaron que el emprendimiento les cambió la vida cotidiana. La diputada Gisela Marziotta apoyó el reclamo.

No más cortes de luz. Basta de negociados inmobiliarios. Los carteles acompañan la pancarta principal: “No al megaestadio Arena en Villa Crespo”. Desde las siete y media de la tarde de este viernes, vecinos y vecinas del barrio se manifestaron en la esquina de Corrientes y Dorrego para reclamar en contra del megaestadio del diario La Nación y la multinacional AEG Worldwide, inaugurado en noviembre detrás del Club Atlanta. Según denuncian, el megaemprendimiento cambió la vida cotidiana y trajo grandes complicaciones en el barrio. “La calle Humboldt parece un festival cada vez que hay un show: latas en el piso, vendedores de comida y vallas por todos lados”, relató Luis Angio, que vive en Villa Crespo hace 40 años.

“Florecieron los estacionamientos clandestinos, los autos en las veredas enfrente del estadio, a la vuelta, en todos lados. Es un caos de trapitos”, señaló Laura González, que vive en Muñecas y Humboldt. 

Sobre la Avenida Corrientes, una fila rodeada de puestos itinerantes de bebidas esperaba para entrar al estadio. Una mujer con un cartel paseaba de un lado al otro ofreciendo remises para la salida del recital. Por Dorrego también había vendedores: remeras, tazas y banderas estampadas con el rostro de Ricky Martin. De ese lado, la fila empezaba cerca del viaducto y se extendía hasta la entrada de la calle Otero, donde un grupo de quince chicas acampaba. “Estamos desde el primero de enero, somos cien y nos turnamos para guardar el lugar en la fila”, señalaron. Esperan el recital de Louis Tomlinson, parte de One Direction, el 15 de mayo. “Con el fútbol teníamos movimiento solo los domingos y cada quince días, ahora es cuatro veces por semana, sin parar”, advirtió González.

A las ocho de la noche, la pancarta de los vecinos cortó la intersección de Corrientes y Dorrego. “Con la música tan fuerte los vidrios me vibran en cada recital. Los muebles también se mueven, y las luces de las pantallas led hacen que parezca de día y tenemos que bajar las persianas”, señaló Gustavo Perrone, que vive en el edificio frente al estadio, uno de los únicos edificios altos de la zona. Él fue quien puso la firma al proyecto de ley que el grupo de vecinos y vecinas presentó en la Legislatura de Buenos Aires. “Proponemos que se respete el proyecto de 2017, que cedió las tierras al club para que hiciera un polideportivo, una escuela y un espacio verde”, explicó Perrone. 

Entre las manos que sostienen la pancarta está la del diputado Santiago Roberto, del Frente de Todos y ex vecino de Villa Crespo, donde vivió hasta el 2010. “Es un emprendimiento de dos corporaciones que no tiene ningún beneficio para la comunidad del barrio”, señaló. También acompañó la manifestación la diputada nacional Gisela Marziotta: “Esto era un barrio donde los vecinos vivían tranquilos, esto se hizo sin un estudio de impacto ambiental”, denunció.

“En los últimos dos meses tuve más de doce cortes de luz en mi casa, y hubo algunos que duraron 36 horas”, comentó Mariana, que vive junto a su hija sobre la calle Warnes. “Me mudé en agosto y esto empezó a pasarme en noviembre, justo cuando inauguraron el estadio”, agregó y seguró que “a pesar de los reclamos, Edesur no dio soluciones”. 

En la calle Humboldt, así como en toda la manzana alrededor del estadio, el problema son las vallas y la circulación de gente: “Para entrar a tu casa o estacionar, te piden el documento a ver si es verdad que vivís ahí”, relató Luis Angio, que vive sobre la calle Thames, y aclaró que “el problema lo tienen las casas con habitaciones a la calle, que se encuentran con gente hablando o cantando a los gritos después de cada recital”. 

Después de los primeros reclamos, la empresa quiso “arreglar las cosas ofreciéndonos entradas para los recitales que se hicieran en el estadio”, relató Gustavo Perrone. Sin embargo, ninguno de los vecinos aceptó. “Otra promesa fue la del transporte público, Santilli una vez me dijo que la movilidad no iba a ser un problema, pero yo salgo a las doce de la noche y hay un desfile de gente caminando hacia Juan B. Justo, Chacarita o Scalabrini Ortiz”, advirtió Perrone.

Parte de la ley que cedió las tierras al Club Atlanta y la concesión por 40 años, implica que el lugar quede exento del pago de impuesto de ABL con el que tienen que cumplir todos los habitantes de la Ciudad de Buenos Aires. “El proyecto que aprobó la Legislatura no iba dirigido a un negocio inmobiliario sino a un espacio para los vecinos”, explicó el diputado Roberto. Con la nueva conformación del organismo, esperan llevar a debate la propuesta de los vecinos. 

Fuente: Pagina12.

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