Alberto Fernández, el candidato presidencial del Frente de Todos, se molestó mucho con Sergio Massa al enterarse que tenia puentes con su amigo Horacio Rodríguez Larreta en desmedro del candidato Matías Lammens. 

Desde el bunker de México se enteraron que el tigrense almorzó con Emilio Monzó, Rogelio Frigerio y su viceministro Sebastián Garcia de Luca, en las oficinas de avenida Libertador. Por lo pronto llamó la atención el acuerdo entre el actual jefe porteño con Luis Barrionuevo, hoy socio de Roberto Lavagna y marido de Graciela Camaño, una socia política de Massa.

Por ahora, Fernández pidió silencio a su gente, quiere charlarlo con Massa cuando vuelva a Buenos Aires. El peronismo y especialmente Alberto tienen puestas todas las fichas en Matías Lammens para ganar la ciudad de Buenos Aires. “No nos conformamos con ganar la Nación y la Provincia, queremos ganar la ciudad, dejar lo más debilitado al PRO”, dice un visitante activo del bunker de México. 

La razón es simple, en caso que Rodríguez Larreta gane la ciudad mantendrá una caja importante para conformar una nueva derecha junto a María Eugenia Vidal y Elisa Carrió que intentarán minar rápidamente los gobiernos de Fernández y Kicillof.

Vidal ya sabe que perdió la provincia y no puede más con su depresión política. Su única esperanza es que que algunos intendentes amarillos ganen y acortar un poco la diferencia de 18 puntos con Kicillof.

Ya aviso que quiere ser una “opositora tenaz” del ex ministro de Economía y dentro de dos años pelear un puesto en la Legislatura. Para eso necesita una “gran caja” como la de su amigo Larreta. No es fácil bajarse del helicóptero y empezar de nuevo, lo de la ‘chica modesta’ es solo para la cámara de televisión. El otro tema que deberá resolver la gobernadora es político, ya que deberá recomponer puentes con Frigerio y Monzó, dos dirigentes a los que humilló y les prohibió hacer política en su territorio. Como si fuera poco, es una realidad que el radicalismo bonaerense armará su propio bloque legislativo, con lo cual el de Vidal no será demasiado importante.

Mientras tanto, un Macri derrumbado pero ansioso mira Netflix, juega al paddle con sus amigos del Cardenal Newman y planifica con Marcos Peña revertir su caída en los dos debates televisivos con Alberto Fernández.

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